Constancia

Dice la Biblia en Salmos 119: 112

“Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos de continuo, hasta el fin.”

Los compromisos y las obligaciones que son de por vida suelen hacerse solo por cumplir. Al principio por la emoción o por lo novedoso del asunto, labor o tema quienes tienen que hacer o dejar de hacer algo lo hacen con emoción y hasta con pasión, pero pasado el tiempo su actividad se puede volver rutinaria o costumbrista.

Cuando esto sucede las actividades se vuelven mecánicas o hasta engorrosas para quienes las ejecutan y de pronto lo que al principio se hacía con dedicación y vocación, ahora se hace a la fuerza, con desgano y a veces hasta con una carga que hace o que provoca malhumor en las personas.

Con la Escritura no puede pasar eso. El estudio y meditación de la Biblia es un compromiso que el hijo de Dios tiene de por vida y cada mañana al abrir ese bendito libro lo debe hacer con expectativo de cómo o de qué le va hablar Dios a su vida. Siempre habrá una palabra de consuelo, de fortaleza, de ánimo o de exhortación.

El salmista dice que para lograr eso hay que inclinar nuestro corazón a sus estatutos. La palabra corazón tiene diferentes implicaciones en el Antiguo Testamento. Puede implicar, por ejemplo, a la persona completa. En otras ocasiones puede significar emoción y pasión y en otras puede traducirse como el intelecto.

En el verso que hoy meditamos tiene la idea de emoción y pasión. La palabra de Dios ha de estudiarse o reflexionarse así: con pasión, con emoción, con dedicación y sobre todo con alta dosis de anhelo por oír la voz de Dios, porque es Dios mismo quien nos habla a través de ella y con ella.

De esa manera el hijo de Dios nunca tendrá ni sufrirá molestia al abrirla. Nunca sentirá hastío por su estudio. Nunca se sentirá satisfecho si ha dejado de aprender de ella y sobre todo jamás experimentará aburrimiento o pesadez a la hora de abrir sus página y por el contrario cada día será una emoción y un deleite escuchar la voz de su Señor.

La Biblia no es un libro común. Es la palabra de Dios vibrando en nuestros corazones y alentándolo para seguir adelante día a día, momento a momento de manera constante.

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