La opinión sobre uno mismo

Dice la Biblia en Proverbios 26: 12

“¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él.”

Me gusta mucho como cita este texto la Traducción al lenguaje actual porque dice así: “Más puede esperarse de quien reconoce que es tonto, que de un tonto que se cree muy sabio.” Traducido así nos clarifica aún más el sentido del verso que hoy nos toca meditar en un tema que es sumamente importante.

De verdad que una de las tareas más grandes que cualquier persona puede tener en la vida es la de definirse o retratarse porque corremos el riesgo de menospreciarnos o sobrevalorarnos. Al buscar una opinión sobre nosotros mismos o nos ensalzamos sobre manera o nos hundimos en lo más bajo.

Una de las situaciones que podemos vivir al momento de reflexionar sobre cómo somos o qué somos es la de creernos más sabios que los demás. Y es que al creernos más sabios que los demás seremos muy proclives o tendremos la inclinación de querer pasarnos de listos con nuestros semejantes.

También podremos caer en la terrible condición de pensar que no tenemos necesidad de que nadie nos corrija, puesto que somos más sabios que ellos. Y también creer que somos superiores a los demás, una actitud triste y lamentable que tarde o temprano nos llevará a la ruina.

El proverbista está consciente de esta tendencia y por eso dice que una persona que cae en semejante condición está más perdida que un necio. El necio es un insensato que no se le da ni el sentido común, ni mucho menos la lógica. Hay más esperanza para esta clase de personas que para alguien que se cree y comporta como más inteligente que los demás.

El propósito de este Proverbio es precisamente que cada uno de nosotros piense, como dice el apóstol Pablo, con cordura de sí mismo y dejar de ver a los demás como inferiores a uno mismo y comprender que requerimos muchas humildad para reconocer nuestras carencias y aprender sabiduría de quienes nos rodean.

Nunca estará por demás reconocer nuestra ignorancia, aun en aquellos temas o materias que conocemos, porque el aprendizaje constante es vitalidad para nuestra existencia.

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