Responsabilidad personal

Dice la Biblia en Ezequiel 18: 22

“Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.”

Así termina este capítulo del libro del profeta Ezequiel que desgrana, revisa, analiza y corrige un proverbio muy común en sus tiempos. El refrán que multicitaban los hebreos de esa época era el siguiente: “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera” para satisfacer su teología de la retribución, es decir que Dios castiga al pecador con sus hijos.

Pero, el profeta dice que cada ser humano pagará por sus propias acciones sean buenas o sean malas y lanza tres verdades que sacuden al pueblo de Israel justamente cuando son los hijos lo que están pagando los hechos de los padres ya que muchos de los cautivos en Babilonia ni siquiera habían nacido cuando sus padres pecaron y fueron exiliados de Jerusalén.

1. He aquí todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare esa morirá (verso 4). El padre tiene una responsabilidad personal delante de Dios, pero esa misma responsabilidad la tiene el hijo. El padre no transmitirá a su vástago la maldad. El hijo no será juzgado por lo que hizo su papá, sino por lo que él haga.
2. Más el impío si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá (verso 21). Tanto el padre y el hijo si hubieren obrado mal, pero se arrepintieren de sus malos caminos serán perdonados porque recibirán la compasión divina tanto juntos o por separado.
3. Más si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Ninguna de las justicia que hizo le serán tenidas en cuenta; por su rebelión con que prevaricó, y por el pecado que cometió, por ello morirá (verso 24). El hijo justo si peca muere y el padre de igual manera.

Hace muchos años oí a un pastor decir que Dios solo tiene hijos no nietos para señalar que ante Dios tenemos una responsabilidad personal. Cada uno de nosotros dará cuenta delante de Dios y si bien por algún tiempo cada padre o madre es responsable de sus hijos llega una edad en la que cada quien debe asumir su responsabilidad delante de Dios.

Esa responsabilidad evitará el castigo divino y evitará que responsabilicemos a nuestros padres de nuestros errores. Cada quien ha de asumir con responsabilidad la conducta que detentó delante del Señor.

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