Contar lo que Dios ha hecho por nuestra alma

Dice la Biblia en Salmos 66: 16

“Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma.”

El salmo 66 es un salmo que recuerda la salida de Israel de Egipto, el evento que es recordado cada año por los judíos con la celebración de Pesaj o Pascua porque es el fin de la esclavitud por más de cuatro centurias y la formación de la nación hebrea con una población, una lengua y un territorio.

Salir de Egipto significó y significa para los hebreos el hecho más portentoso de Dios porque castigó a ese pueblo con diez plagas que mostraron el poder soberano de Dios y como corolario fue el paso por el Mar Rojo ante unos israelitas completamente desanimados porque allí en esa playa pensaron que todo había terminado al avanzar amenazante la caballería egipcia.

Cuando todo parecía acabado apareció Dios y de manera portentosa destruyó a Faraón y sus militares y liberó para siempre a Israel de la opresión de Egipto. Desde entonces este salmo se lee justo cuando se celebra la Pascua hebrea y en dicha celebración recuerdan a Dios salvándolos extraordinariamente.

En ese salmo encontramos este precioso versículo que sirvió, ha servido y servirá para que esa noche del Pesaj judío se recuerde de manera vívida, como si la liberación de los israelita hubiera ocurrido ese mismo día y todos escuchen lo que Dios hizo por sus hijos cuando vivían bajo el yugo de sus enemigos.

El salmista pide a los temerosos de Dios que escuchen lo que Dios hizo. Difícilmente una persona que no conoce a Dios oirá, pero una persona que teme a Dios indudablemente oirá los beneficios que el Señor trajo al alma del salmista cuando recuerda esa noche en que el Faraón egipcio finalmente aceptó liberar a Israel.

El alma de los judíos recibió uno de los más grandes bienes que el ser humano puede tener en su existencia: la libertad. El alma de ellos dejó de vivir en la zozobra, maniatada por la dura servidumbre y en temor constante por la crueldad con que eran tratados por sus opresores en esa tierra que nunca fue suya.

Sí, el alma del salmista tenía que contar muchas cosas y sólo los temerosos del Señor las podían oír porque sólo ellos entenderían y se alegrarían por los beneficios recibidos por quien con gratitud recordó todo lo que Dios hizo por su alma.

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