Precavidos

Dice la Biblia en Proverbios 10: 5

“El que recoge en el verano es hombre entendido; el que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.”

El tiempo de cosecha suponía el fin de un gran trabajo desplegado para preparar la tierra, sembrar semilla y esperar la lluvia temprana y la lluvia tardía para un campesino. Era el último gran esfuerzo de los agricultores para obtener su alimento y si la cosecha era muy buena con toda seguridad podría tener recursos adicionales.

Esa figura es la que utiliza el proverbista para recordarnos que una vida esforzada o una vida concentrada en trabajar aún cuando las fuerzas parecen extinguirse, definitivamente es una vida que refleja o que revela a una persona entendida o sabia que ha comprendido el valor de mantener el mismo paso o el mismo entusiasmo a la hora de buscar su provisión.

En contraste, la persona que desaprovecha la oportunidad de obtener los recursos para subsistir es alguien que padecerá o enfrentará la vergüenza pública al no tener los recursos suficientes para comer y tendrá que esperar que los demás se apiaden o compadezcan de él y entonces tal vez tener con que subsistir.

El proverbio que hoy meditamos tiene como objetivo central despertar en todos el interés o la virtud de ser precavidos en una tarea que sin duda es la más importante que puede haber en la vida y es la de obtener los recursos que necesitamos para procurar nuestros alimentos, vitales para sobrevivir.

Una persona precavida es aquella que prepara con antelación o con mucho tiempo antes lo que hará o lo que necesitará. En sentido contrario una persona negligente o sin cuidado dejará todo para el último y sufrirá porque de repente se dará cuenta que el tiempo se le ha pasado y no habrá formar de hacer volver.

El precavido aprovecha el tiempo y las oportunidades que le surgen. El necio las ve pasar y en lugar de tomarlas las deja ir. El primero logrará u obtendrá beneficios por su correcta actitud, pero el segundo sufrirá en carne propia su negligencia ya que el tiempo ya no retorna y las oportunidades a veces ya no regresan nunca.

Las etapas en la vida son únicas e irrepetibles. La niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez no regresan nunca. En cada una de ellas uno tiene que aprovechar el tiempo. Uno tiene que recoger lo que se tiene que recoger, porque ya no hay vuelta y lo que no se hizo en esos días no se volverá hacer nunca.

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