Transformados para recibirlo

Dice la Biblia en 1 Corintios 15:51

“He aquí os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados.”

Para el apóstol Pablo como para toda la generación de discípulos que vieron al Señor y convivieron con él, una vez que partió y les dijo que volvería para ellos su retorno era más que inminente. La iglesia del primer siglo no tenía la menor duda de que el regreso de Cristo podía ocurrir en cualquier momento y vivían listos para ese gran evento.

Cuando Pablo escribe la 1ª Carta a los Corintios en el capítulo 15 dedica todo ese pasaje al tema de la resurrección e inevitablemente tiene que abordar la segunda venida del Señor porque ambas van ligadas estrechamente. No hay manera de separarlas porque cuando Cristo regrese vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

Me gusta la traducción que la Nueva Versión Internacional hace de la frase: “He aquí os digo un misterio” porque en lugar de ello, dice: “Pero permítanme revelarles un secreto maravilloso”. Sobre el regreso de Jesús hay un secreto maravillo que todos deben conocer para entender y comprender la naturaleza de su vuelta. No es un misterio para unos cuantos, sino una verdad para proclamar siempre.

Pablo dice que no todos los creyentes morirán o no todos los creyentes deben morir para esperar el retorno de Cristo; en realidad, como es tan seguro que venga una vez más, la verdad es que muchos no morirán sino que le verán regresar y justo en ese momento serán transformados, es decir cambiarán de forma.

Pablo esta bien seguro de que ese hecho, podría ocurrirle a él. Vivía con esa esperanza y se consolaba con esa hermosa verdad y enseñaba que para ese evento lo que estuvieran vivos habría de sucederles algo que “alteraría” completamente su condición o su naturaleza humana para poder ver al Señor.

La palabra griega que se utiliza para “seremos transformados” es la raíz “allassó”, que se traduce como alterar, cambiar y transformar. El retorno de Cristo provocará que las personas que creyeron en él sean cambiadas en un momento para estar en condiciones de recibirlo porque entonces le veremos cara a cara.

Los que estemos vivos cuando él vuelva habremos de sufrir una profunda transformación para estar en condiciones de recibirlo con toda su gloria con la que vendrá. De no ser transformados difícilmente podremos estar en condiciones para soportar su poderosa presencia con la que habrá de venir.

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