La fe nos liberta del pasado

Dice la Biblia en Mateo 1: 5

“Salmón engendró de Rahab a Booz…”.

La genealogía de Jesucristo contiene historias que el Antiguo Testamento no reveló. Una de ellas fue lo ocurrido después de la destrucción de Jericó. El libro de Josué sólo nos dice que los muros cayeron, pero no nos dice que fue de Rahab, la prostituta y su familia, luego de que fue la única que se salvó de la destrucción al haber recibido y ayudado a los espías que envió Josué a allí.

Por el evangelio de Mateo descubrimos que una vez terminada la guerra contra Jericó, Rahab se unió al pueblo de Israel que la aceptó dado el gran apoyo que les dio para ganar esa batalla. Su pasado quedó en el olvidó al entregarse completamente a una vida piadosa entre los hebreos que la recibieron.

Pero Rahab no sólo consiguió un lugar en el pueblo de Israel, ella también encontró un esposo que según Mateo se llamó Salmón. Los dos se casaron y formaron una familia en la que nació Booz, antepasado directo del rey David. Fue una pareja piadosa que logró enterrar el pasado para ser felices.

Todos en Israel sabía el pasado de ella, pero su consagración a Dios lo enterró por completo y fue de lo que siempre se acordó por lo menos su esposo Salmón fue la valentía y la determinación con la que enfrentó a la autoridad de Jericó para defender a los dos espías que llegaron a su casa para conocer la clase de enemigo que habrían de enfrentar.

La carta a Los Hebreos califica a Rahab como una mujer de fe. Su valor radica en que ella no vio ni oyó de primera mano lo ocurrido en Egipto cuando Dios liberó a su pueblo, pero lo creyó. Y esa fe fue la que sepultó su pasado e hizo olvidar a todos, incluido Salmón, lo que había ocurrido en su juventud.

La vida matrimonial exige a ambos consorte siempre mirar hacia delante. El pasado, sobre todo el que fue difícil y traumático debe quedar allí en el pasado y como Salmón y Rahab mirar hacia lo que viene adelante aferrados a la fe de ese Dios que hace maravillas y que perdona y olvida nuestros pecados cuando nos refugiamos con todo nuestro corazón en él.

La pareja de Salmón y Rahab me recuerda que el amor, la fe y la esperanza son los mejores instrumentos para construir una relación que trascienda el tiempo y mire siempre al frente nunca para atrás.

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