Confianza para no ser avergonzado

Dice la Biblia en Salmos 119: 116

“Susténtame conforme a tu palabra, y viviré; y no quede yo avergonzado de mi esperanza.”

El autor del versículo que hoy meditamos tiene muchas ganas de vivir en los dos sentidos: de no perder la vida y de disfrutar su existencia. Pero en ambos casos una enfermedad o una situación apremiante pueden cambiar drásticamente la dos maneras en las que se puede entender la expresión “y viviré”.

Ante tal situación el salmista le pide a Dios que lo sustente. Algunas versiones utilizan la frase “dame fuerzas” y otras emplean la palabra “sostenme”. Sólo que el salmista quiere que sus fuerzas o sus sostenimiento surja de la palabra de Dios. Su apoyo o refuerzo tiene como origen la Escritura.

La virtud de la Biblia es precisamente fortalecer la vida de la personas para que en cualquier circunstancia que vivan; porque no solo cuando uno esta enfermo se necesitan fuerzas, se requieren muchas fuerzas para superar las adversidades que de tiempo en tiempo tocan a nuestra puerta.

Pero hay problemas o circunstancias que necesitas más allá de fuerzas humanas. Se necesita la fortaleza de Dios y esa la encontramos en la Escritura que nos consuela con muchas historias de hombres que de debilidad sacaron fuerzas, que literalmente “fueron empujados” por el Señor para salir adelante en medio de tribulaciones y congojas.

El salmista está convencido de que en la palabra de Dios están contenidas todas aquellas verdades que podrán sostenerlo y por eso pide que Dios lo ayude con sus promesas con una razón poderosa o con una vehemente solicitud: que no sea avergonzado de su esperanza, es decir que no se burlen de su confianza.

El salmista le suplica a Dios que mediante su palabra le de fuerzas, que a través de sus promesas el pueda descansar y que no sea avergonzado de la esperanza que tiene de que Dios siempre lo ayudará.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: