Ovejas perdidas

Dice la Biblia en Mateo 10: 6

“…id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”

Jesús envió a sus discípulos a predicar las enseñanzas que les había dado. Ellos habían salido de la oscuridad y gracias a la luz de Cristo ahora comenzaban a comprender la verdad que fariseos y escribas habían eclipsado con sus costumbres y tradiciones, muchas de ellas distanciadas totalmente de los mandamientos del Señor.

Ellos mismos estuvieron perdidos y fue gracias a la compasión de Jesús que alcanzaron la salvación y gracias a la bondad infinita de Dios no solo dejaron la ignorancia espiritual, sino que formaron parte del equipo que Jesucristo usó para llevar esa misma salvación a quienes estaban lejos de la luz.

Jesús le llama a los hebreos de su tiempo “ovejas perdidas” no sólo como concepción o definición poética, sino para hacer notar a sus seguidores la clase de trabajo o el tamaño del reto en el que los estaba involucrando. No era una labor sencilla. Buscar lo perdido implica esfuerzo, dedicación y entrega.

Pero sobre todo implica paciencia, mucha paciencia, porque encontrar algo o alguien que está perdido exige revisar, indagar, inspeccionar y todas aquellas acciones tendientes a localizar aquello o aquellos que perdieron la brújula y deambulan lejos, a veces sumamente lejos, de la verdad.

La casa de Israel tenía ovejas perdidas. Parecía y parece una contradicción en un pueblo que le fue entregado la ley de Dios, pero esa era la verdad en tiempos de Jesús. Los hebreos habían dejado los mandamientos de Dios y cada uno seguía sus propios caminos o sus propios intereses lejos de la voluntad de Dios.

La tarea que Jesús les encomienda a sus seguidores es ir; no esperar que los perdidos vengan a ellos y con ello ilustra bastante lo que espera de nosotros o lo que espera de su iglesia. Espera que salgamos por los perdidos; que vayamos con paciencia, no con nuestra espada “teológica” para condenarlos, sino para hablarles del amor de Cristo.

Como dice el coro de “Las cien ovejas”, que todavía se canta en las iglesias: “Todavía hay ovejas que vagando van…” y a ellas estamos llamado a ir.

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