Salmo 63: Un alma sedienta de Dios

Dice la Biblia en Salmos 63:1-4

Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Judá.

63 Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré;   Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,   En tierra seca y árida donde no hay aguas, 2 Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. 3 Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. 4 Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos.

Introducción

David se encuentra en el desierto de Judá. Cerca todavía de Jerusalén a donde su hijo Absalón lo persigue. Se encuentra allí como consecuencia del pecado cometido con Betsabe, pero a diferencia de cuando huía de Saúl, el salmo que compone en ese lugar y en esa ocasión tiene como intención resaltar su confianza en Dios.

David confía plenamente en Dios, que habrá de cuidar su integridad física, pero también que habrá de cuidar su alma. Una alma que le declara su absoluta dependencia al Señor. El salmo precisamente comienza con una declaración del sentir del salmista con respecto a Dios.

David confía que Dios cuidará su alma. Pero esa alma que Dios cuidará es un alma que se encuentra profundamente sedienta de Dios. Todo su ser anhela fervientemente su presencia en su vida. Es un anhelo y deseo profundo.

I. Una alma sedienta

El salmo comienza con una declaración sobre la manera en que David concibe a Dios. “Dios mío, Dios mío eres tú” le dice. Con estas palabras descubrimos a una persona que ha convertido a Dios en parte de su existencia. Para el rey David Dios es más que un ser lejano o distante, sino más bien es un ser al que ha convertido en parte de su vida.

Y tan lo ha convertido en parte de su existencia que se compromete a buscarlo de madrugada. Esta quizá es la demostración más grande de la manera en que el salmista le demuestra a Dios su profunda que siente por él. Es una necesidad tan grande que lo busca justo antes que comience el amanecer.

David le dice a Dios, “mi alma tiene sed de ti y mi carne te anhela” en lo que podríamos afirmar una división clara de la composición del ser humano. Su alma (parte inmaterial) y mi carne o cuerpo (la parte física de los hombres). Ambos tienen una gran necesidad de acercarse al Señor para encontrar descanso y protección.

Como hemos estudiado en otras ocasiones, el alma es la parte inmaterial del hombre que procede de la raíz hebrea “nefhes” que se traduce como “yo”, “persona”, “corazón», “mente” y en ocasiones hasta como “cuerpo”. Pero generalmente su traducción depende del contexto en el que ocurre.

En el verso uno del salmo sesenta y tres la idea es muy clara se refiere a la parte interna del ser humano. Al corazón y mente o ser interior. La razón es sencilla, además de hablar del alma el salmista habla del cuerpo.

A. Que busca a Dios de madrugada

Es sumamente interesante descubrir que David busca a Dios de madrugada. Hacía a un lado el placer de dormir para acercarse a Dios. El silencio imperante, la ausencia de distractores y una mente ágil y receptiva son los distintivos de buscar a Dios a esa hora del día.

Orar a esa hora fue una costumbre que también Cristo practicó según leemos en el evangelio de Marcos 1:35 que dice así: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.”

B. Que busca a Dios con todas sus fuerzas

La frase “mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela” revela una gran necesidad y en consecuencia una obligación de buscar a Dios con todas sus fuerzas. El tamaño de la necesidad que tiene David queda reflejada por el tamaño de la fuerza con la que busca a Dios.

El define su situación de una manera clara cuando dice: “En tierra seca y árida, donde no hay aguas”. Es una descripción por supuesto del lugar donde está, pero también puede servir para pensar en su situación personal que esta atravesando.

El desierto siempre será símbolo de prueba, de un examen divino que Dios pone de tiempo en tiempo a sus hijos para experimentar la soledad y la carencia que solo puede ser llenada por Dios y por eso David busca a Dios con todas sus fuerzas.

C. Que quiere ver a Dios en la adversidad

David había trasladado el arca del pacto a Jerusalén. Le había rendido adoración a Dios. El contaba con una casa. Había dejado de ser perseguido por Saúl y en cierta forma no tenía ya grandes adversidades, salvo las que tenía que enfrentar al salir a la guerra.

Pero esta vez, estaba siendo perseguido por su propio hijo Absalón. Era una seria adversidad porque su hijo había dado claras muestras de querer no solo dañarlo sino incluso privarlo de la vida.

El problema era mayúsculo para el rey y por eso desea con todo su corazón “verlo” como lo había visto en el santuario. En la adversidad es donde siempre más necesitamos a nuestro buen Dios, sentirlo para tener paz y tranquilidad.

D. Que reconoce la misericordia de Dios

La frase “mejor es tu misericordia que la vida” es quizá la mejor manera de entender la existencia humana. David llegó a esta conclusión debido a que su vida estuvo siempre en peligro y la tuvo que cuidar una y otra vez que llegó un momento en el que se cansó y estuvo a punto de rendirse.

En ese momento, tal vez, David razonó y reflexionó sobre que era más importante en esta vida y llegó a esta maravillosa conclusión: mejor es tu misericordia que la vida. La palabra misericordia que usa aquí David procede de la raíz hebrea jesed, que connota la idea de un amor incondicional.

Para David el amor incondicional es mejor que la propia existencia por una sencilla razón, qué caso tiene la vida o qué caso tiene vivir si su compasión no nos acompaña. No tiene ningún sentido. Es vivir a merced de quienes nos quieren hacer daño, sin protección y cuidado.

E. Que bendice a Dios

David bendice a Dios con determinación. El alma de David esta tan concentrada en Dios que ha decidido bendecir a Dios en su vida. Y además hacerlo levantando las manos como una señal de entrega y rendición al Señor.

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