El reino de los cielos

Dice la Biblia en Mateo 10: 7

“….predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.”

La materia o el tema principal que Cristo encomendó a sus seguidores fue el del reino de los cielos. La predicación de Cristo, de los apóstoles y de nosotros debe concentrarse precisamente en ese mismo tópico: el reino de los cielos porque de principio a fin Jesús no sólo lo expuso, sino lo explicó y lo reiteró una y otra vez.

El reino de los cielos o reino de Dios o reino de Cristo fueron presentados de manera profusa en los cuatro evangelios, desde el comienzo de su predicación el Señor dijo: “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado”, hasta su dialogo con Pilato, a quien le dijo que su reino no era de este mundo, Jesucristo señaló siempre la naturaleza de su dominio y potestad.

Los judíos del tiempo de Jesús esperaban un reino terrenal. Tal como lo establece el pacto davídico. En ese pacto Dios le prometió al rey David que de su descendencia levantaría un reino que duraría para siempre. El libro de Isaías lo ratifica. El reinado del Mesías subyugará a todos los enemigos de Israel para siempre.

Cristo cumplía con esas credenciales, pero antes de ello, es decir antes de establecer su reino terrenal, Cristo trajo el reino de los cielos a la tierra y eso fue el tropezadero para los judíos porque su reinado espiritual tenía otras implicaciones que para ellos fue inaceptable, como su sufrimiento y muerte. Sencillamente ellos no concebían ni conciben una Mesías sufriente.

El reino de los cielos se ha acercado a la los hombres. Es un reino espiritual donde reina Cristo. Un reino que es más importante que lo material. Un reino en el que para vivir hay que morir a nuestro egoísmo. Un reino en el que el cambio de mentalidad con respecto al pecado y a Cristo es indispensable para ingresar. Se necesita reconocer el pecado y aceptar a nuestro Redentor.

Un reino que demanda de sus integrantes menos apego a este mundo y más dedicación a los bienes espirituales. Un reino en el que no se puede servir a dos amos porque se amará más a uno que a otro. No se puede servir a Dios y al dinero. Un reino donde la cruz de Cristo se tiene que seguir y sufrir con él el oprobio porque este mundo no es nuestra casa.

Ese reino es el que Cristo predicó y es el que le pidió a sus discípulos que predicaran y es el encargo que tenemos los que le seguimos en estos tiempos.

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