Insatisfacción cubierta

Dice la Biblia en Salmos 81:10

“Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; abre tu boca y yo la llenaré.»

A Dios le interesó siempre que su pueblo no olvidará de donde lo había sacado. No para traumarlo, ni para anclarlo a ese pasado ominoso donde fueron esclavos y sufrieron como pocas naciones, sino para que los beneficios que habrían de recibir siempre no provocaran soberbia o altivez en ellos.

Los mandamientos y muchos estatutos, leyes y decretos, generalmente tiene como argumento inicial, la frase o expresión: “Acuérdate que fuiste esclavo en Egipto” porque con ello Dios quería mantener la sencillez y humildad de su nación y sobre todo el reconocimiento pleno que fue él quien los libertó de la humillante esclavitud.

Egipto, entonces, fue para los judíos, y sigue siendo en la actualidad, el referente de una vida oprobiosa, infeliz, dolorosa y totalmente insatisfactoria, pero también la expresión del amor de Dios y su poderosa diestra al liberarlos derrotando completamente a los dioses egipcios y sepultando en lo profundo del mar a faraón y su ejército.

Cuando Dios le pide a su pueblo y nos pide a nosotros que “abramos la boca y él la llenará” se refiere a una de las bondades más grandes de nuestro buen Dios: satisfacernos en todos los planes que necesitamos. Evidentemente en primer término se refiere a nuestras necesidades de carácter alimenticio, pero la frase va más allá.

El único capaz de satisfacer nuestras necesidades del alma es precisamente Dios. Aquellas que aún cuando estemos cubiertos en nuestras necesidades de alimento nos hacen sentir vacíos. Las profundas necesidades de nuestro ser interior sólo encuentran calma y sosiego en Dios que es capaz de llenar todos los huecos de nuestra alma.

Solo nos pide que abramos la boca. En otras palabras nos trata como niños pequeños que solo tienen que abrir su boca para recibir el alimento. Nosotros solo tenemos que acercarnos a Él y en su infinita bondad nos dará justamente lo que necesitamos en los dos planos: material y espiritualmente.

El único deseo de Dios es que no olvidemos que la insatisfacción del pasado él la destruyó y en el presente sólo demanda abrir nuestro corazón a él para que lo llene con su presencia.

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