La dicha de hacer algo o mucho por los demás

Dice la Biblia en Mateo 5:7

«Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzará misericordia.»

Introducción

Para comprender esta bienaventuranza será indispensable entender completamente el sentido de la expresión “misericordioso” porque en su comprensión y entendimiento reside la importancia de lo que Jesús quiso compartir con sus discípulos y seguidores. La compasión, podemos adelantar, no es una emoción o un sentimiento. La misericordia es acción.

Jesús revolucionó por completo la forma de comprender la misericordia. Él quería y quiere que sus simpatizantes o seguidores puedan entender o podamos entender que la misericordia no es un concepto ni una idea sino algo que debe llevarnos a actuar. La misericordia debe movernos a hacer algo. Si no nos mueve no es misericordia lo que practicamos, sino religiosidad.

En los evangelios encontramos muchos pasajes donde podemos apreciar como los hebreos del tiempo de Jesús habían perdido toda noción de este concepto. El legalismo los había llevado ya no solo a no practicar la compasión y misericordia, sino a negarla y hasta rechazarla para los necesitados.

Aquí algunos ejemplos de esta triste realidad entre el pueblo escogido por Dios.

1. En Marcos 3:1-6 encontramos la historia de un hombre que tenía la mano seca. Una dolencia muy fuerte porque lo paralizaba. Jesús lo encontró en la sinagoga de Capernaum y antes de sanarlo le preguntó a los fariseos si era lícito hacer el bien en un día de reposo y ellos callaron. Habían perdido el sentido de la compasión.
2. En Lucas 13:10-17 descubrimos a una mujer atormentada por una penosa enfermedad que la había atacado por 18 años que fue sanada por Jesús y en lugar de celebrar su sanidad acusaron a Jesús nuevamente de haber violado el día de reposo.
3. En Lucas 9:51-56 nos percatamos que algunos discípulos de Cristo les resultaba también muy difícil ser compasivos porque actuar con piedad sobre los demás se hace complicado porque cuando no se ajustan o cumplen lo que deben de hacer nos molestamos.
4. En Mateo 18:23-35 encontramos la parábola de los dos deudores como ejemplo superior de que Dios espera que siempre actuemos con compasión hacia nuestro semejante.

La palabra “misericordia” que encontramos en este texto procede de la raíz griega “eleeo” y se utiliza 29 ocasiones en el Nuevo Testamento. Se traduce como “tener piedad”, “ayudar a un afligido” y “llevar ayuda a los miserables”.

En Mateo se utiliza siete veces y la mayoría de veces es una expresión que utilizaron: 1. Dos ciegos que oyeron que Jesús estaba cerca de ellos y querían que los sanara. Mateo 9:27. 2. La mujer cananea que le pidió ayuda por su hija endemoniada. Mateo 17:15. 3. Otros dos ciegos que también oyeron de Jesús y le imploraron que los ayudara. Mateo 20:30-31.

En todos estos casos podemos comprender que su situación era muy precaria y les urgía ayuda por parte de Jesús. La misericordia de la que habla Jesús aquí es aquella que convierte a quien la necesita en alguien sumamente urgido de ayuda.

El objeto de misericordia de la que habla Jesús es esta clase de personas. Gente con un gran necesidad. Hacia ellos debe estar dirigida nuestra compasión. Entendida como una acción, más que como una emoción o un sentimiento. Es hacer algo por ellos.

Pablo entendía bien que esta es una acción difícil porque implica “perder” tiempo, dinero, esfuerzo y bienes que tal vez han costado mucho adquirir. Por eso dice en Romanos 12:8 que “la misericordia debe hacerse con alegría.”

Actuar compasivamente con los demás tiene como recompensa que así actuarán con nosotros las personas cuando nos vean en gran necesidad. El misericordioso alcanzará misericordia porque ha actuado de esta misma forma con los necesitados.

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