La sujeción de la esposa

Dice la Biblia en Números 30:8

“Pero si cuando su marido lo oyó, le vedó, entonces el voto que ella hizo, y lo pronunció de labios con que ligó su alma, será nulo.»

Los judíos tenían leyes especiales que regulaban las promesas que hombres y mujeres hacían a Dios. Un voto, una promesa o un compromiso con Dios eran inviolables. Quien se comprometía con Dios estaba obligado a cumplir a toda costa lo que con sus labios había pronunciado ante Dios. Antes de hacerlo debía pensarlo bien. Porque era irrevocable.

El Eclesiastés 5:4-5 dice: “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas y no que prometas y no cumplas.” Salomón advertía claramente de la insensatez en la que se podía caer al hacer una de estas situaciones.

La ley de los votos establecía algunas razones por las que las promesas podían revocarse o dejar de cumplirse. En el caso de los varones no había posibilidad alguna de renunciar. Tenían ineludiblemente que cumplir con su voto. Pero en cambio las mujeres sí podía dejar de cumplir con su promesa.

El libro de Números nos dice que había tres hipótesis posibles: 1. Si ella vivía con sus padres y su padre se inconformaba con su promesa, la promesa quedaba revocada. 2. Si se casaba y tenía un voto y su recién esposo no estaba de acuerdo, el voto quedaba cancelado y 3. Si ya casada hacía un voto y su esposo le decía que lo cancelara, no había problema.

El caso de una mujer casada que hace un voto y su esposo no tiene ningún inconveniente en que lo haya hecho es Ana y Elcana. Ana le prometió a Dios que de quedar embarazada y tener un hijo, ella lo entregaría al servicio del Señor. Lo que sucedió cuando nació Samuel y ella lo entregó al templo para el servicio de Dios.

Todos estos conceptos nos llevan irremediablemente a un tema complejo y lleno de aristas: la sujeción de la mujer en la vida matrimonial. La esposa ha de sujetarse a su esposo porque es una manera de obedecer a Dios. La ley de los votos en Israel era una manera de recordar esta verdad: una mujer sumisa a la voluntad del esposo, quien a su vez estaba sujeto a la voluntad de Dios.

La sujeción forma parte del equilibrio matrimonial que tiene junto con el amor del esposo a la esposa las dos grandes columnas que sostienen la relación más importante en la vida social de las personas. La falta de cualquiera de ellas hace cojo al matrimonio y en consecuencia no le permite ni avanzar ni crecer.

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