Los recursos en la lucha espiritual del creyente

Dice la Biblia en Efesios 6:12-18

«12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 

13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad y vestidos con la coraza de justicia,

15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 

18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.» 

Introducción

Al final de su carta a los Efesios, el apóstol Pablo hace una reveladora verdad sobre la clase de conflicto que vive el creyente. El hijo de Dios, dice Pablo, esta inmerso en una batalla, guerra, lucha por su nueva condición y posición en la que el Señor le ha puesto por haberlo redimido.

La Escritura devela en este pasaje la forma en que opera el maligno, nos expone la forma en que actúa el adversario de nuestras almas para derribarnos, desanimarnos y por último destruirnos. Es una realidad que el creyente no batalla con personas de carne y hueso, sino contra poderes de las tinieblas.

Cuando Pedro se interpuso entre la voluntad de Dios y Jesús al sugerirle que no fuera a Jerusalén a sufrir, Jesús lo llamó Satanás. Apártate de mí, Satanás, le dijo, porque no pones en la mira las cosas de Dios. Allí un gran ejemplo de que nuestra lucha nunca será con personas de carne y hueso, sino contra poderes espirituales de maldad.

El propósito que tiene el apóstol Pablo al enseñar a sus lectores sobre este tema de ningún modo es atemorizarlos, sino alertarlos de ese ser que en palabras del apóstol Pedro “anda como león rugiente, buscando a quien devorar”, porque no solo señala al enemigo y sus emisarios, sino las armas para combatirlos.

El creyente no está sólo o sin recursos para luchar contra este enemigo de su alma. El creyente cuenta con armas para salir airoso y derrotar a quien tiene como único empeño engañarlo, acechándolo en cualquier momento.

Los recursos en la lucha espiritual del creyente

I. Su lucha contra el maligno

Desde el libro de Génesis hasta el Apocalipsis vemos al maligno tratando de engañar al ser humano. En la historia de Job lo encontramos rodeando y recorriendo el mundo. En la vida de Jesús lo encontramos tentándolo para hacerlo caer y evitar la redención de la humanidad. Es fácil entender, entonces, su misión en la vida del creyente: descarrilarlo.

La gran virtud de la carta de Pablo es que nos revela la estructura, organización o categorías en las que opera. Cuando Jesús habló del maligno dijo que no estaba dividido porque un reino dividido no puede sostenerse. El reino de las tinieblas por lo que leemos en Efesios actúa organizadamente.

En las diferentes versiones sobre este pasaje encontramos toda clase de nombres como principados, potestades, gobernadores de las tinieblas, huestes espirituales, dominadores, espíritus del mal, malignas fuerzas espirituales con mando, autoridad y dominio sobre el mundo de tinieblas.

También poderes, fuerzas espirituales malignas, guías de este mundo de tinieblas, espiritus malignos esparcidos en los aires, entre otros. Lo cierto es que en los textos originales en el griego encontramos cuatro categorías o clasificaciones.

A. Principados

La palabra griega para esta expresión que utiliza la versión Reina Valera 1960 es “archas” y se utiliza cuatro veces en el Nuevo Testamento. Procede de la raíz griega “arche”, que tiene un sentido temporal al traducirse como principio en Juan 1:1. Su uso aquí es figuradamente para señalar al que viene primero y por lo tanto es el jefe, el más importante, o quien tiene la prioridad porque está encima del resto, es decir, es preeminente.

Nuestra lucha es contra un poder o una fuerza maligna principal. No es cualquier clase de adversario, sino uno con gran preeminencia.

B. Autoridades

Para la palabra autoridades, el griego usa la expresión “exousia” que tiene varias traducciones, todas ellas relacionadas con alguien que tiene poder para ejercer su autoridad. Ejemplo un gobernante o magistrado. Aquí la idea que tiene la expresión al referirse al maligno es que impone su voluntad a quien descuida su vida espiritual.

Ante esta realidad algunas versiones traducen el lugar de autoridad “fuerza”. La fuerza que tiene el maligno hace que las personas parezcan haber perdido el dominio propio para autogobernarse.

C. Gobernadores de las tinieblas

Esta tercera definición o tercera categoría en la que se estructura el maligno es muy interesante. La expresión griega aquí es “kosmokratoras”. Es la única vez que aparece en todo el Nuevo Testamento y es una palabra compuesta, es decir, se deriva de dos vocablos: kosmos y kratos. Kosmos es mundo y kratos es gobierno.

El cristiano lucha contra quienes gobiernan este mundo de oscuridad. Por eso, alguna versión lo traduce como el que guía. En la estructura maligna encontramos diseminados en el mundo toda clase de estos gobernadores de tinieblas que tiene como finalidad hundir en en el engaño y la mentira a los hombres.

Esta clase de “gobernadores” son los que imponen ideas como “aborto”, “matrimonio entre parejas del mismo sexo” y “adopción de parejas del mismo sexo”, entre otras ideas que algunos aceptan sin chistar, aun cuando su origen o su principio procede de las tinieblas.

D. Huestes espirituales de maldad

La palabra “espirituales” procede de la raíz griega “pneumatika” y se aplica a un ser superior al hombre, pero inferior a Dios. Por eso algunos lo traducen como espíritus malignos esparcidos en el aire, algunos otros vierten como “fuerzas espirituales malignas”, “espíritus del mal”.

II. Armas de para luchar contra el maligno

Ante la clase de enemigos contra los que batallamos, el apóstol Pablo nos dice como debemos combatirlos.

A. Cinturón de la verdad
El primer implemento es el cinturón. El cinturón servía a los soldados romanos para sujetar sus prendas que utilizaban. El creyente ha de usar la verdad como su principal arma de defensa frente al batallón del maligno. La verdad es la única capaz de derrotar a la mentira. El diablo es el padre de toda mentira, Jesús es la verdad.

B. Coraza de justicia

La coraza era una especie de chaleco que usaban los integrantes del ejército de Roma para evitar que una lanza, una flecha o una espada les dañara desde la cintura hasta los hombros. Lo utilizaban para protegerse de un ataque. Pablo le pide a los creyentes que utilicen la piedad como una arma para luchar contra el maligno.

C. Calzado del evangelio

Los soldados romanos no podía salir a la guerra sin un buen calzado. Las diferentes clases de terreno que habrían de pisar les exigía contar con sandalias, huaraches o zapatos que les permitieran corren en caso de que se requiriera. El creyente tendrá que calzarse el evangelio, es decir proclamar las buenas nuevas de Jesucristo.

D. Escudo de la fe

El escudo era un instrumento indispensable a la hora del combate porque protegía a su portador por todos lados que se colocará. La fe es nuestra mejor arma defensiva. Nos protege y nos ayuda siempre. La fe entendida como confianza y seguridad. La fe entendida como la posibilidad de ver todo aquello que aún esta lejano.

E. Casco de la salvación

El casco de la salvación o yelmo como dice nuestra versión protegía la cabeza. La implicación con la que la usa Pablo es para recordarnos que necesitamos siempre tener en mente que Dios nos ha salvado. La salvación ha sido el más grande don que Dios nos ha dado y de ningún modo o bajo ninguna circunstancia lo debemos olvidar.

F. Espada del Espíritu

La espada del Espíritu es la palabra de Dios. La única arma de ataque. La lucha contra las fuerzas oscuras requiere toda nuestra atención en el uso de esta arma. La espada de doble filo será la que nos ayude a enfrentar la autoridades, los gobernadores de maldad, las huestes malignas y las autoridades.

Todas estas armas deberá utilizarse apoyados en la oración.

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