Reverencia a su palabra

Dice la Biblia en Salmos 119:120

“Mi carne se ha estremecido por temor de ti, y de tus juicios tengo miedo.”

El Señor mismo y su santa palabra despiertan en el salmista reverencia y respeto. En consecuencia se estremece al considerar o pensar y reflexionar en la persona de Dios y su Escritura porque es indivisible Dios y sus juicios, decretos, leyes, estatutos y mandamientos contenidos en la Biblia.

Acercarnos a Dios es incompleto si no nos acercamos a su palabra para ponerla por obra y de igual modo es incompleto acercarnos a la palabra de Dios sin acercarnos a la presencia de Dios. Para completar nuestra vida espiritual siempre será necesario hacer ambas cosas y encontrar aliciente y esperanza al hablarle al Señor y al hablarnos él.

La comunicación con el Señor siempre será en dos vías. Él hablándonos a nosotros y nosotros hablándole a Él. La falta de uno de estos dos elementos harán incompletos nuestro proceso de comunicación entre nuestro Creador y nosotros y, evidentemente, nuestra relación con Él tendrá “ruidos”.

La reverencia hará que tanto como la Escritura como el mismo Señor formen parte de nuestra cotidianidad y nos ayuden a relacionarnos mejor con Dios que es finalmente el objetivo de conocerlo a través del testimonio que nos ha dejando en la Biblia.

La palabra de Dios nos conduce por cada uno de sus hechos portentosos. Nos ilustra, enseña y muestra como se ha conducido con la humanidad a lo largo del devenir de la historia y conocer su actuación en situaciones muy particulares como el Diluvio, Sodoma y Gomorra el trato a Nadab y Abiú, hijos de Aarón y a los hijos de Coré.

Pero la Biblia está llena, por no decir repleta, de historias que muestran a un Dios compasivo, pero también celoso de su santidad y eso es lo que hace que el salmista como nosotros nos estremezcamos y sintamos miedo, que no es otra cosa que temor reverente a sus obras y acciones.

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