¡Cantemos a Dios!

Dice la Biblia en Salmos 81: 2

“Entonad canción, y tañed el pandero, el arpa deliciosa y el salterio.”

Asaf es el compositor del salmo 81. Fue un músico contemporáneo de David, fue el encargado de la adoración en el tabernáculo junto con Jedutún y Hemán, quienes tuvieron a su cargo grupos de cantores encargados de mantener permanentemente la alabanza y adoración en la casa de Dios.

En este salmo Asaf hace una revisión de lo ocurrido con el pueblo de Israel en el desierto después de la poderosa liberación que Dios hizo con ellos en Egipto. Con hechos y obras Dios les demostró con creces su profundo amor por ellos, pero no lograron entender al Señor y cayeron en sus propios caminos y en las decisiones de su propio corazón.

El autor de este canto comienza con un llamado a cantar a Dios, utilizando los instrumentos de percusión y de cuerdas para acompañar la alabanza y adoración de Dios de tal manera que la experiencia se convierta en momentos placenteros y de disfrute para quienes acuden a rendir tributo al Señor.

Asaf invita al pueblo de Israel a cambiar la dirección de sus vidas. A evitar caer en lo mismo que cayeron sus antepasados: olvidarse de todos los favores que habían recibido de parte de Dios y encaminar su existencia como si Egipto nunca hubiera ocurrido. Como si Egipto hubiese sido sólo una mala pesadilla de la que lograron salir por sus propios recursos.

El salmo 81 es una invitación para corregir el gran error de creer que uno puede hacer las cosas sin Dios. Es un llamado para rectificar la absurda idea de que somos capaces de vivir sin el Señor, pero sobre todo es una convocación para evitar perder las grandes oportunidades que Dios nos da cuando le servimos con todo el corazón.

Y el llamado comienza con cantar, tocar el pandero, deleitándonos en la celebración jubilosa de un Dios que ha hecho, hace y hará maravillas con nosotros. La adoración a Dios es el primer paso que damos para reconocerlo en nuestras vidas.

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