El hombre de pecado

Dice la Biblia en 2ª Tesalonicenses 2:3

“se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición.”

A la apostasía que precederá al regreso de Cristo, el mundo habrá de ser testigo de la aparición de un personaje que el apóstol Pablo define como “el hombre de pecado” y “el hijo de perdición”, por su talante rebelde y opositor a todo lo que tenga relación con Dios y con el Señor mismo.

“El hombre de pecado” y “el hijo de perdición” son la misma persona. Los dos adjetivos con los que se le identifica nos sirven para conocer su naturaleza, sus extravíos y sus objetivos a fin de identificarlo plenamente a la hora que aparezca. A diferencia de otros ardides del maligno para esconderse o mantenerse en el anonimato este personaje será público.

La expresión “hombre de pecado” nos dice claramente su condición espiritual. Un hombre dominado por la maldad, controlado absolutamente por todo aquello que aborrece Dios. Un ser despreciable que se regodea en la perversidad, conocedor de lo sagrado, pero a la vez un gran opositor al Señor.

No, no será un hombre común. Será alguien que sabe y conoce lo que el Señor desprecia, pero hará justamente eso porque su rivalidad con lo santo será su principal característica que nos permitirá identificarlo plenamente a fin de estar ciertos de que el regreso de Cristo es inminente.

La frase “hijo de perdición” nos habla de su obra y destino. Su obra será encaminar a la perdición al mayor número de personas que lo seguirán y apoyarán en su loca lucha contra el Señor que terminará derrotándolo, pero antes buscará por todos los medios dañar a una gran parte de la humanidad.

Su destino de este personaje será el mismo que han tenido todos aquellos que piensan o creen que pueden luchar con Dios y ganarle: será destruido y su lugar será el castigo eterno por su insolencia y sus pervertidas acciones.

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