Un trato compasivo

Dice la Biblia en Salmos 119: 124

“Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos.”

El salmista le pide a Dios un trato compasivo para su persona. Él se cataloga así mismo como un siervo. Los siervos no tenían ningún privilegio. En aquellos tiempos un siervo era casi, casi, un esclavo y en esas condiciones no tenía derechos sino sólo y únicamente obligaciones.

Por eso, como él es un siervo sin derechos, que no puede protestar por nada porque ni siquiera a eso tiene garantía, está completamente a merced de su Señor y por eso le pide que lo trate con toda la compasión porque sabe que Dios que es como el alfarero y nosotros somos como barro, nada podemos exigir.

El autor del salmo nos recuerda una verdad que muchas veces olvidamos en nuestra relación con Dios. Él es soberano, puede hacer y deshacer en nuestra vida y nosotros no tenemos ninguna alternativa sino someternos y agachar la cabeza para no convertirnos en hombres de dura cerviz.

La razón por la que Dios a veces nos “maltrata” es para que estemos en condiciones de aprender. Por eso el salmista después de pedirle un trato piadoso hacia su persona le pide que le enseñe sus estatutos. Y es que cuando mejor se aprende es cuando estamos humillados. Es un hecho que la humildad es esencial para aprender las verdades de Dios.

El salmo 119 está construido y estructurado de tal manera de que sus lectores puedan asimilar la importancia de nuestra relación con la palabra de Dios. Una relación de permanente aprendizaje. Una constante ansiedad por descubrir las verdades contenidas en los mandamientos de Dios.

Y bajo cualquier circunstancia siempre será necesario acercarnos a la bendita Escritura para abrevar conocimiento y luz sobre la persona y obra de nuestro Dios, sobre su creación y la mejor condición para aprender o ser enseñados en cuando reconocemos que somos siervos de él. No quienes le ordenamos, sino quienes le obedecemos.

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