Sacudir el polvo

Dice la Biblia en Mateo 10:14

“Y si alguno no recibe, ni oye sus palabras, salgan de aquella casa o ciudad, y sacúdanse el polvo de sus pies.”

Sacudirse el polvo de los pies era una enseñanza de los fariseos. Puros y limpios como se sentían cada que salían fuera de Jerusalén y pasaban por tierra de los gentiles al salir de allí se detenían un momento y se sacudían el polvo de sus pies en señal de purificación y rechazo a todo lo relacionado con los paganos como les llamaban a los que no eran judíos.

Era una enseñanza que a fuerza de repetirse una y otra vez se había convertido en una costumbre ya no solo entre los fariseos, sino también entre el pueblo de Israel que marcaba así su distancia de los despreciados y despreciables gentiles, inmerecedores de la gracia y favor del cielo.

Al pedirle a los apóstoles que hicieran exactamente lo mismo cuando en alguna casa o ciudad judía rechazarán las buenas nuevas de Cristo, Jesús les estaba dando un mensaje a los hebreos de esa época. Su rechazo los estaba convirtiendo exactamente en lo que tanto despreciaban.

Con este mandamiento que recibieron los apóstoles, Cristo quería que sus connacionales comprendieran la magnitud de su error al rechazar y despreciar el evangelio con todas sus bendiciones y beneficios. Quería dejar en claro que era una equivocación extremadamente grande para ellos y para sus hijos.

Pablo y Bernabé se sacudieron el polvo de sus pies en Antioquía de Pisidia por los judíos que no solo se opusieron a la predicación del evangelio, sino que los persiguieron. Sólo allí vemos al apóstol haciendo esto. Lo que indica que fue una lección para los judíos propiamente.

El mensaje de Cristo a sus discípulos con esta orden fue la de hacerle ver a las personas el grave error de desoír el mensaje de la salvación para sus almas. Y a nosotros los gentiles recordarnos que al creer en él hemos tomado la mejor decisión que podíamos hacer en nuestra vida.

Cristo se apiadó de nosotros y nos ha regalado su salvación, obtenida con mucho sacrificio y con mucho dolor. Bendito es su nombre para siempre. Considero que a nosotros no nos toca sacudirnos los pies con quienes rechazan el evangelio, sino apelar a la misericordia de Dios para que les abra los ojos. Para que les de otra oportunidad de conocerlo.

Muchos de nosotros no aceptamos las buenas nuevas a la primera, algunos lo hicieron después de muchos años. No me imagino si quien me habló por primera vez de Cristo se hubiera sacudido el polvo de sus pies ante mi necedad.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: