Entendimiento y comprensión

Dice la Biblia en Salmos 119: 125

“Tu siervo soy, dame entendimiento para conocer tus testimonios.”

De acuerdo a este versículo que hoy meditamos se requieren al menos de tres actitudes para acercarnos a la Escritura. 1. Humildad y sencillez. 2. Entendimiento para escudriñarla y 3. Comprensión de los mandamientos contenidos para que resulte siempre útil nuestro acercamiento a ella.

1.Humildad y sencillez. La Biblia demanda de quien se acerca a ella un ejercicio de humildad. Humildad porque estamos frente a la palabra de Dios. La Biblia no es un libro común. Es un libro inspirado por el Creador para señalar a sus creaturas sus demandas y exigencias, pero también sus promesas y compromisos.

Por ello, para que su estudio o meditación resulte benéfico se necesita sencillez. Como la de un niño que se acerca a un escrito de su padre. De ningún modo se aprenderá si a la Escritura se acerca uno con arrogancia y soberbia. Desde allí la palabra de Dios estará vedada para quien se acerca a ella con altivez.

2. Entendimiento para escudriñarla. La palabra de Dios es exigente a la hora de meditar en ella. Y es exigente porque demanda poner toda nuestra atención y nuestra razón e inteligencia. No, la Biblia no es un libro que prescinda del entendimiento a la hora de abordarla para estudiar, reflexionar en ella o meditar en sus conceptos.

Frente a las clásicas acusaciones de la que la Biblia es un libro para personas que no piensan o personas que carecen de razón, el salmista nos demuestra que le pide a Dios que le de entendimiento para que a la hora de leer o meditar en la Biblia pueda tener aguzados todos sus sentidos para aprender.

3. Comprensión de los mandamientos. El entendimiento que pide el salmista es para lograr entender o comprender los mandamientos que Dios ha dado. Se necesita una compresión tal que nos permita aceptar ordenanzas que parecen contrarias a la lógica como por ejemplo que para recibir primero hay que dar o para vivir hay que morir.

La comprensión es fundamental para obrar correctamente. Cuando alguien no ha entendido bien una orden es muy probable que se equivoque o que se encuentre justamente al contrario de lo que Dios en realidad le demanda.

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