El error de rechazar a Cristo

Dice la Biblia en Mateo 10: 15

“De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad.”

El juicio a Sodoma y Gomorra relatados en el libro de Génesis fue de los más severos de parte de Dios. Junto con el diluvio, el fuego y azufre que cayeron en ambas ciudades, representan un singular y terrible castigo por la inmoralidad sexual que privaba en ellas y que se convirtió en ejemplo para siempre de que Dios castiga las perversiones.

Jesús utilizó esa historia, que por cierto al hacerlo reafirma su veracidad como un hecho histórico y no solo como un relato para asustar a los lectores de la Biblia, para comparar la enorme equivocación del pueblo judío de rechazarlo a él como su Mesías. La intención de Cristo es advertir el craso error de su nación.

Porque la pregunta que uno se hace cuando uno lee o escucha este verso es si puede haber un castigo todavía más duro que el sucedido en Sodoma y Gomorra. La respuesta obviamente es no. Entonces, si no hay castigo todavía más severo que una lluvia de fuego y azufre, la conclusión es sencilla rechazar a Cristo traerá un juicio inimaginable.

El rechazo de Cristo al pueblo judío trajo como primer gran consecuencia su destierro de su nación por casi dos mil años. Hasta hace apenas unas décadas ellos comenzaron su retorno a su patria, luego de los terribles sufrimientos en los campos de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

El rechazo de Cristo en la vida de las personas siempre tiene una consecuencia. Su llamado de amor y compasión a la vida de los seres humanos es una manera de evitar el juicio de Dios a su vida. Desoírlo puede convertirse en algo sumamente desastroso. Su mensaje es tan sencillo y accesible que lo puede entender desde un niño.

Pero obcecarnos o atrincherarnos en nuestras propias ideas o en nuestros pecados y rechazar el don gratuito de la salvación puede convertirse a la larga en el error más dañino para nuestra vida, un error que se puede evitar con sólo decirle a Cristo entra en mi vida, quiero ser tu discípulo.

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