Suplantar a Dios

Dice la Biblia en 2ª Tesalonicenses 2: 4

“…tanto que se sienta en el templo de Dios, como Dios, haciéndose pasar por Dios.”

Este es el aspecto más blasfemo del hombre de pecado, del hijo de perdición del que habla Pablo, porque no sólo se levanta contra todo lo que se llama Dios y todo aquello que es objeto de culto, sino que se hace pasar como Dios mismo en una impostura diabólica, infernal.

Los días previos al retorno de Cristo, habrá una suplantación fenomenal e indigna del verdadero Dios para dar paso a un hombre que se asumirá como Dios, utilizando el templo de Jerusalén para autenticar una de las más grandes mentiras que el maligno siempre ha acariciado: suplantar a Dios.

Serán tiempos muy difíciles. Será una de las épocas más oscuras de la humanidad porque la verdad será tratada con tal obscenidad y tan groseramente que parecerá que ha llegado el fin de la verdad. Desplazar al Señor de su lugar es el sueño anhelado y codiciado que el maligno ha tenido y usará a un hombre para tal fin.

Pablo está hablando de sucesos del futuro. Sucesos que habrán de ocurrir una vez que se reconstruya el templo de Jerusalén, que hoy por hoy no existe, pero que en los últimos tiempos insistentemente se ha dicho que se puede reconstruir en cualquier momento y entonces estaremos a la expectativa de que suceda lo planteado en el verso de hoy.

Aun cuando ese suceso todavía no sucede es notorio que la lucha entre el bien y el mal, entre Dios y el adversario ha sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad. Y maligno siempre ha tratado de opacar a Dios y su obra. Ha oscurecido la mente de muchos y ha tratado de instalarse en el lugar del Señor.

Cristo vendrá para terminar con esa guerra, pero también para terminar con el hombre de pecado, el hijo de perdición al que destruirá por su insolencia y su absurdo plan. Vendrá para vencer a todos sus enemigos. Bendito es su nombre.

 

 

 

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