Una fe probada

Dice la Biblia en Santiago 1:3

“…la prueba de vuestra fe produce paciencia.”

 

En la vida estudiantil todos los exámenes son difíciles porque ponen a prueba nuestro conocimiento o el aprendizaje obtenido en las aulas durante semanas o meses, pero siempre son indispensables para comprobar si hemos aprendido bien o requerimos reforzar nuestra disciplina académica. 

 

En la vida espiritual ocurre de manera idéntica. De tiempo en tiempo el hijo de Dios es sometido a pruebas no solo para precisar cuánto sabe o cuanto conoce, sino para seguir aprendiendo una de las materias que requerimos para nuestra existencia: la paciencia que no es otra cosa que confianza en Dios, esperanza que el hará siempre lo mejor.

 

Santiago le escribe a la cristiandad del primer siglo para recordarles que la “prueba de vuestra fe” es una realidad. A nadie le debe caer de sorpresa, ni le debe caer como algo fuera del plan divino, por el contrario debe ser agradecida porque con ello se conoce completamente la naturaleza de nuestro corazón.

 

Santiago le escribe a unos atribulados creyentes que han entrado en ese durísimo y complejo tiempo de prueba, cuando parece que Dios los ha abandonado, cuando parece que todo juega en contra de ellos, pero principalmente cuando parece que no tiene fin las dificultades y problemas.

 

El autor de la carta les recuerda que ese tiempo es necesario para ayudarles a producir paciencia. Aunque no les dice, pero es muy probable, Santiago recuerda las tribulaciones de Elías, los dolorosísimo días del rey David perseguido por Saúl y ni que decir del patriarca Job, campeón de la paciencia.

 

La paciencia o constancia como algunas versiones traducen es la materia que le sigue a la fe. La fe nos dirige a la paciencia para conocer la naturaleza de nuestra confianza en el Señor, nuestro grado de compromiso con la voluntad de Dios, sobre todo cuando la adversidad se asienta en nuestra vida. 

 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: