Débora: una mujer empoderada por Dios

Dice la Biblia en Jueces 4: 4

«Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot.»

Introducción

La antítesis de Jezabel fue Débora. Aquella fue inteligente y perversa, ésta fue sabia y temerosa de Dios. Aquella fue una reina del mal, ésta fue una juez justa e integra, aquella fue manipuladora de su marido, ésta supo honrar a su esposo. La historia de Débora es una historia de una mujer empoderada por Dios que supo armonizar su vida pública con su vida privada.

Débora vivió en un época de gran desorden en Israel. El tiempo de los jueces fue un tiempo de gran confusión, de mucha anarquía y de una gran ingobernabilidad entre los judíos que muerto Moisés y muerto Josué no lograban organizarse de algún modo para hacer frente a muchos de los pueblos cananeos que los rodeaba y los sometían.

El mismo libro de Jueces dice dos veces: “En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.” Jueces 17:6 y 21:25. Para enmarcar el caos en el que se desarrollaba la vida de los judíos que no atinaban a encontrar la dirección exacta que les señalaba la Escritura.

Justo en ese marco aparece Débora, una mujer extremadamente inteligente y de una gran sensibilidad espiritual que gobernó Israel por 40 años. Fue una gobernante sabia, muy piadosa y resuelta a defender la honorabilidad del Señor tan maltrecha por la opresión de los cananitas.

Una mujer ejemplar que supo combinar y equilibrar tres áreas que parecen tan distantes y tan enfrentadas entre sí: su vida espiritual como profetiza, su trabajo como jueza y su vida hogareña.

Según el pueblo hebreo, el significado de su nombre nos muestra una mujer que supo usar bien el lenguaje. Sabía “picar” perfectamente a los cananeos y a Jabín y Sísara su rey y capitán de los ejércitos, respectivamente a quienes aplicó “su picadura” para dejarlos fuera de combate.

Débora es una mujer talentosa, una mujer valiente y una mujer inteligente que puso todo su talento para servir al Señor y que a pesar de sus indiscutible inteligencia supo conocer sus límites y por eso literalmente “empujó” a Barac para salir a luchar contra Sísara, el capitán de los ejércitos de Jabín, rey de Canaán.

Débora: una mujer empoderada por Dios

I. Como profetiza
II. Como jueza
III. Como esposa

I. Como profetiza

En el Antiguo Testamento conocemos muy pocas profetizas. Miriam, la hermana de Aarón y Moisés fue una de ellas (Ex. 15:20). Otra fue Hulda, esposa de Salum. (2ª Reyes 22:14). Los profetas y las profetizas del Antiguo Testamento fueron hombres y mujeres con una gran sensibilidad.

Débora supo desarrollar este don en medio de un pueblo incrédulo y las más de las veces se sobrepuso ante una nación que poco a poco olvidaba con gran facilidad las palabras del Eterno contenidas en la Torá y se hacían sordos a las palabras del Señor. Sin duda allí resalta la gran virtud de esta mujer.

Sólo dos capítulos tenemos de la vida de esta mujer en libro de los jueces, pero allí encontramos con toda precisión, al menos dos profecías:

 

1. La profecía de la derrota del rey Jabín por mano de Barac, quien en ese momento no lo pudo creer porque el capitán de la armada de Jabín tenía 900 carros de guerra que lo hacían invencible, pero Débora anunció su derrota y su muerte. Por supuesto Barac no lo creyó.

2. También una profecía hecha por ella advirtió de la muerte de Sísara. Cuando vio temeroso a Barac para salir a luchar contra Sísara, le dijo que una mujer sería quien mataría al capitán del ejército del rey de Cannán. Jueces 4:9.

 

 

La profecía de Débora ocurrió justamente luego de la batalla entre Barac y el ejército de Sísara, cuando maltrecho y derrotado Sísara se dirigió a la casa de Heber, ceneo. Allí la mujer de Heber, llamada Jael, quien lo recibió en aparente paz, pero que luego lo mató inmisericordemente. Jueces 4:18.

Débora fue una profeta en toda la extensión de la palabra. Sus profecías se cumplieron cabalmente. Nada de lo que dijo dejó de cumplirse.

II. Como juez

Ninguna actividad más desgastante que la de juzgar entre el pueblo hebreo. Saber declarar el derecho es un ejercicio en verdad desgastante porque implica oír a dos partes confrontadas y mediar entre ellas para declarar una sentencia que resuelva controversias entre particulares que pelean por su derecho.

Débora era una jueza que empleaba su inteligencia para declarar el derecho no de un caso, sino de decenas o cientos lo que nos ayuda a entender su gran capacidad o su gran inteligencia para atender la problemática social que se presentaba entre los hebreos instalados ya en la tierra prometida.

Su conocimiento de la ley hebrea que era de donde partía su labor como juez era excepcional. Débora era una mente brillante. Tenía una solvencia en el dominio de los 613 mandamientos que la hacían una espectacular mujer del derecho hebreo.

En el libro de Éxodo tenemos los requisito o el perfil de los jueces israelitas:
1. Varones de virtud
2. Varones temerosos de Dios
3. Varones de verdad
4. Varones que aborrezcan la avaricia

III. Como esposa

Cuando el libro de Jueces señala que Débora estaba casada o era mujer de Lapidot, no es simplemente establecer su estado civil, sino marcar de manera muy clara y contundente su ocupación como esposa. La grandeza de Débora justamente surge de su enorme capacidad de además de ser una profetiza y una jueza, compaginará su vida como esposa.

Esta mujer nos deja en claro a todos que la vida espiritual no tiene porque estar reñido con la vida familiar y mucho menos el éxito en el trabajo necesariamente tiene que entrar en conflicto con la vida personal e íntima.

El nombre de su marido significa “antorcha” y según los rabinos del pueblo de Israel llevo ese nombre debido a que fue Débora, su esposa, la que le diseñó “antorchas” en lugar de pábilos para iluminar el tabernáculo de Silo.

Lapidot no era profeta, tampoco era juez, el único rol que tenía frente a Débora era ser su esposo. Ella lo respetó y no lo denigró. Supo alentar sus pocas virtudes, sin enseñorearse de él. Por esa razón los judíos consideran a Débora la madre de Israel. Jueces 5: 7.

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