Adoración colectiva

Dice la Biblia en Salmos 35: 18 

“Te confesaré en grande congregación…”.

 

La adoración a Dios individual debe acompañarse siempre de la adoración colectiva. Eso es lo que entiende el salmista cuando escribe una y otra vez sobre la importancia de reunirnos para alabar a Dios y congregarnos con otros para unirnos en una sola voz que exalte al Señor.

 

El salmista podía confesar a Dios estando solo, que por supuesto que es válido, pero él lo que quiere hacer en grande congregación porque entiende que exaltar a Dios al lado de otros o con otros es una manera de reconocer que a los demás no se les necesita únicamente a la hora de las dificultades, sino también a la hora de engrandecer a Dios.

 

Los seres humanos somos seres sociales, pero los creyentes en el Señor somos todavía más sociales porque estamos llamados a adorar y exaltar a Dios junto con nuestros hermanos de fe y convicción y por eso en la Escritura siempre encontraremos un llamado para adorar a Dios en colectividad. 

 

Cuando el individualismo escala todos los grupos sociales y cuando pensar sólo en uno mismo, la Escritura nos hace un llamado para que todos alabemos a Dios a una sola voz y en un mismo espíritu para alentarnos y estimularnos contado lo que Dios ha hecho por cada uno de nosotros.

 

Me imagino a Dios como un padre que se goza de ver reunidos a sus hijos. La alegría que experimenta al ver a su pueblo adorándolo es tan grande que siempre le hace esa invitación a los creyentes para que concilien sus actividades y acudan a reunirse juntos en armonía para celebrarlo.

 

La adoración colectiva nos recuerda que Dios habita en medio de la algarabía y el estruendo de la adoración y exaltación que su nombre merece. Dios se deleita siempre que su pueblo lo reconoce en grande número. 

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