El divorcio: La necesidad de evitarlo a toda costa

Dice la Biblia en Mateo 5: 31-32

«31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.»

Introducción

Para comprender cabalmente el tema del divorcio que aquí vamos a estudiar debemos precisar con toda claridad que Jesús le habla a judíos. Entre los hebreos como en ninguna otra nación, la institución matrimonial tiene una relevancia fundamental. Nadie como ellos para conocer el tema debido a que ellos fueron los guardianes de la historia de Adán y Eva.

En Deuteronomio 24:1-4 encontramos la razón y la manera en que un matrimonio podía terminar. El divorcio fue una alternativa para resolver las diferencias insuperables entre un esposo y una esposa. Pero como muchas otros mandamientos los israelitas pronto lo convirtieron en la justificación o más bien pretexto para dejar a una mujer y volverse a casar.

El divorcio fue una salida a la relación matrimonial para que no dañará más a los miembros de la familia. Fue instaurado como un mecanismo que preservara la integridad física y emocional de dos personas que al estar juntos se hacían daño, pero fue temporal a causa de la dureza del corazón de los hombres.

El repudio como le llama Mateo no era para siempre. Cristo dejó en claro que la relación entre Adán y Eva fue para siempre y así debía ser para todas las parejas posteriores a nuestros primeros padres.

El divorcio se convirtió para Jesús en un tema que trató en el Sermón de la montaña y por supuesto al hablar del tema obligadamente tenía que hablar del matrimonio. Para que exista el divorcio debe existir primero el matrimonio. Así como había hecho con el mandamiento no matarás y no adulterarás, ahora tocaba el tema al divorcio.

El divorcio es un asunto delicado, un tema que requiere mucho cuidado para tratarlo y Jesús lo aborda reinterpretando el mandamiento que encontramos en Deuteronomio 24:1 que le autorizaba a los judíos dar carta de repudio a una mujer y así disolver su unión. Matrimonio, divorcio y adulterio son temas que Jesús unió en su enseñanza.
Todo esto fue aplicable para los judíos, pero qué de los gentiles. ¿Los gentiles saben el significado de casarse? Algo. ¿Conocen la importancia del matrimonio? Tal vez. ¿Solo cuando llegan a Cristo logran comprender la importancia de la vida en pareja? Muy probablemente.

La duda se despeja cuando leemos al apóstol Pablo en la 1ª Carta a los Corintios 7: 10-16. El matrimonio de los gentiles, a pesar de que se efectuó fuera de los principios del Antiguo Testamento tiene validez. Pablo no lo desaprueba, ni tampoco lo invalida. Lo trata casi de idéntica manera que el matrimonio de los judíos.

El divorcio: La necesidad de evitarlo a toda costa

I. Fue autorizado en el Antiguo Testamento por la dureza del corazón
A. Para los hombres
B. Para las mujeres fue inaccesible
II. Fue reinterpretado por Cristo
A. Sólo fue aceptado por infidelidad
B. Fuera de la infidelidad produce adulterio

I. Fue autorizado en el Antiguo Testamento por la dureza del corazón

En efecto Moisés autorizó el divorcio o carta de repudio en el Antiguo Testamento como una salida a un conflicto entre las parejas propiciado por la dureza del corazón del esposo, más que de la esposa, como lo dijo Cristo en Mateo 19: 8. Pero no fue porque el divorcio fuera la mejor solución.

Era un paliativo más que una atención de fondo al problema, pero los judíos se empeñaron en verlo así y lo usaron más de las veces como pretexto para volverse a casar. En los tiempos de los fariseos las mujeres no tenían ningún derecho en el matrimonio y divorcio y eran relegadas a un segundo plano a la hora de decidirse su separación.

A. Para los hombres

El divorcio era una decisión unilateral. Era una decisión del esposo, nunca de la esposa. En ese sentido era injusto porque la mujer no decidía nada y todo el peso de la determinación quedaba en manos del consorte, quien generalmente abusaba de este poder otorgado por la Torá judía.

B. Para las mujeres fue inaccesible

Las mujeres nada tenían que decir al respecto. A ellas solo les correspondía acatar la decisión tomada por su esposo. De la noche a la mañana una mujer podía aparecer como abandonada, más que divorciada y su condición era, además de humillante, económicamente deplorable.

Esta situación era a todas luces una gran injusticia para las mujeres, que se convertían en objetos más que en personas con sentimientos.

II. Fue reinterpretado por Cristo

En el Sermón de la montaña ese mandamiento fue reinterpretado por Cristo y poco después explicado ampliamente. Ya no bastaba cualquier pretexto para divorciarse, Cristo estableció la única causal por la que un matrimonio podría disolverse, lo que permitió a los creyentes defender esa noble institución como lo es el matrimonio.

A. Solo fue aceptado por infidelidad

Cristo dijo que el divorcio tenía como única causal para llevarse a cabo que uno de los conyugues fuera infiel. El único motivo que hacía posible dejar a su esposa o esposo es que hay sido infiel. La versión Reina Valera 1960 dice “a causa de fornicación”, otras versiones dicen “relación ilegítima” y algunas versiones católicas dicen “a no ser por concubinato”.

Un divorcio solo puede darse por esta clase de situaciones. Aunque si los involucrados en esa situación se reconcilian bien pueden seguir viviendo juntos.

B. Fuera de la infidelidad produce adulterio

El problema más grande que trae consigo un divorcio que no se produce por una infidelidad conyugal es que lleva a los consortes separados al adulterio. Si el que se divorcia es el esposo y se casa comete adulterio y la divorciada se casa de nueva cuenta también incurre en ese pecado.

De hecho cuando Jesús explica el tema del repudio en Mateo 19:1-12, los discípulos comprenden absolutamente la naturaleza de casarse. El matrimonio es un pacto eterno, donde el divorcio nunca será opción.

El divorcio sin causa de infidelidad conyugal y nuevo matrimonio hace que los divorciados se conviertan en adúlteros y los adúlteros son reos del infierno.

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