El valor de la Escritura

Dice la Biblia en Salmos 119:126

“Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro.”

El valor de la palabra de Dios es incalculable. Su sabiduría, sus consejos y sus advertencias para conducir nuestro paso por esta tierra son de una importancia que difícilmente podríamos asignarle un precio o tasarlo con alguna medida porque simplemente es incuantificable.

Llegar a esa conclusión es un poco complicado para aquellos que consideran la Biblia un libro vetusto o viejo, ajeno a la realidad del ser humano en pleno siglo XXI cuando la era de la tecnología hace la vida un poco más sencilla y la ciencia parece resuelta a atender todos los problemas de los hombres.

Sin embargo se equivocan rotundamente quienes piensan que la Escritura nada tiene que decirnos en estos aciagos días. Y yerran porque sin bien los avances tecnológicos nos sorprenden por sus logros, el ser humano sigue siendo exactamente el mismo. La tecnología ha hecho grandes avances en diversos rubros, pero no ha podido modificar a los hombres.

Los hombres de hace siglos al igual que los de hoy experimentan angustias, temores, miedos al igual que sus antiguos antepasados. Hombres y mujeres siguen teniendo ansiedad, sigue experimentado rencores y odios y tal vez la maldad anidada en los corazones hoy es más dañina que antes. Un solo botón puede matar a millones.

En medio de esta circunstancia el valor de la palabra de Dios es insondable porque nos auxilia como ningún otro libro a la hora de enfrentar nuestros miedos, nos ayuda a entender el por qué de la maldad, pero quizá su gran aportación radica en que nos señala claramente el camino a seguir para reencontrarnos con el Creador al final de nuestro paso en la tierra.

El salmista llegó a entender esta verdad y por eso es que dice con toda seguridad que ama los mandamientos de Dios, más que el oro y no cualquier oro, sino aquel que ya ha salido de las minas y ha sido refinado. Ese oro es el más valioso porque ya ha sido tratado y esta listo para ser utilizado.

Ese oro vale muchísimo como para el salmista la palabra de Dios. La idea que nos quiere compartir el autor del texto que hoy meditamos es que valoremos la Escritura y la busquemos como se busca lo que tiene valor para nuestras vida. El costo de la Biblia en su sentido espiritual es muy alto. No la despreciemos, ni menospreciemos.

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