El Dios de los cielos

Dice la Biblia en Daniel  2:28

“Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor, lo que ha de acontecer en los postreros días…”. 

 

Un sueño había turbado y perturbado al rey Nabucodonosor. Un día al despertar el monarca recordó que había soñado un inmensa imagen de aspecto terrible con cabeza de oro, pecho y brazos de plata, vientre y muslos de bronce, sus piernas de hierro y sus pies en parte de hierro y en parte de barro cocido. Fue tan real e impresionante que ya no pudo dormir.

 

El gobernante babilonio buscó, entonces, entre sus magos, astrólogos y encantadores para que le explicaran el sueño a lo que dijeron que sí. Pero no les dijo lo que había soñado y les pidió que el dijeran el sueño y su interpretación. Nadie pudo hacerlo. Ante ello ordenó la muerte de todos, incluido los hebreos, entre ellos Daniel. 

 

Ante esta situación, Daniel oró a Dios para que le revelara lo que el rey había soñado y su interpretación. Lo que en efecto ocurrió y fue con Nabucodonosor y al llegar a sus presencia, le dijo que nadie podía hacer lo que el monarca pedía, sino solo el Dios de los cielos, que revela los misterios.

 

Daniel no presumió su espiritualidad, ni se regodeó de ser el instrumento por medio del cual Dios habría de manifestarse de una manera tan impresionante que al mandatario babilónico no le quedó la menor duda que estaba ante el Rey del universo. El que conoce todo y sobre todo el que dirige el mundo con un propósito soberano.

 

 Daniel había sido llevado cautivo a Babilonia, luego de la destrucción de Jerusalén. El pecado de sus padres lo habían conducido a una tierra extraña donde el rey formaba parte de la divinidad y donde el estudio de los astros era moneda corriente y la superstición era común desde el palacio del rey hasta la más humilde choza. Pero él llevo hasta allí al Señor. 

 

En ese ambiente tan hostil a la fe hebrea, Dios dotó a Daniel y a sus amigos de una convicción tan profunda en sus creencias que pudieron sostenerse a pesar de amagos, amenazas y peligros de perder la vida si no adoraban los dioses que los babilonios se habían hecho para alimentar sus supersticiones y dieron testimonio de que el Señor es grande.

 

Daniel nos enseña que la sabiduría proceden de Dios. Nunca del ser humano. Que Dios sigue hablando aquellos que con humildad reconocen que sólo son instrumentos en las manos de Dios y que fuera de Cristo es imposible entender lo que ocurre a nuestro alrededor. 

 

Daniel presentó a su Señor como el Dios del cielo a un monarca de una nación que como ninguna otra atribuyó al cielo una relación directa con lo que ocurre en la tierra. Fueron ellos el primer antecedente del moderno horóscopo y Daniel les dijo que el cielo es el trono del Señor para recordarles que el destino de los hombres los dicta Dios y no las constelaciones.

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