Los juramentos y el riesgo de engañarnos a nosotros mismos

Dice la Biblia en Mateo 5: 33-37

 

33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

 

Introducción

 

Cumplir las promesas que se hacen a Dios ha sido uno de las grandes dificultades para los hijos de Dios. En el Antiguo Testamento Dios prohibió usar su nombre de manera ligera como lo vemos en Éxodo 20: 7. Sin embargo en Levítico 19:12 la prohibición de no jurar quedó restringida únicamente cuando se hacía de manera falsa. Con verdad, no. 

 

Bajo ese criterio los judíos de los tiempos del Señor diseñaron una serie de juramentos que podrían romper en cualquier momento, sin la amenaza de cumplir ningún castigo al no hacerlo en el nombre de Dios. El juramento se hacía ante Dios y quedaba como reo quien no lo cumpliera.

 

Uno de los juramentos más solemnes que tenían era precisamente el del matrimonio. Ese y otros votos debían de pensarse bien para no romperlos a la primera incomodidad o inconformidad. 

 

Para evitarlo los fariseos y escribas de los tiempos de Jesús diseñaron juramentos por el cielo, por la tierra, por Jerusalén y aún poniendo como prenda su propia cabeza con tal de zafarse en cualquier momento si la promesa o el compromiso que hacían les resultaba difícil de cumplir.

 

Los juramentos o las promesas a Dios tenían como fin acercarse más a Dios o apender a ser más obediente. El voto de nazareato que habla Números 6 tenía esa finalidad. Apartarse para Dios unas semanas o unos meses. Pero pronto la función o fin de los votos se tergiversaron como vemos en el libro de Hechos 23:12.

 

Según nos relata Lucas 40 hombres “se juramentaron bajo maldición diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran dado muerte a Pablo”. Ellos hicieron un juramento, pero de manera equivocada y completamente fuera de los propósitos de Dios al presentar los juramentos como una manera de acercarse a Dios. 

 

A ese grado se había pervertido la enseñanza de los juramentos. Sin embargo también se había relajado el tema a tal grado que Jesús tuvo que corregirlo en el Sermón de la montaña. 

 

Justamente a los judíos de su tiempo dirige estas palabras para recordarles que es necesario siempre cumplir con su palabra empeñada. Que todo por lo que se jure o se comprometa no era de ellos, sino al final de cuentas todo pertenece a Dios y los juramentos terminan haciéndose en nombre del Señor.

 

La enseñanza de Jesús es básica: si prometes algo a Dios cúmplelo, si no lo vas a hacer, mejor no lo hagas.

 

Los juramentos y el riesgo de engañarnos a nosotros mismos

I.   Usando la creación de Dios

II.  Se evita con un si o con un no

 I. Usando la creación de Dios

 

Los judíos para reforzar el cumplimiento de lo que harían o dejarían de hacer juraban por el cielo. Eran tan extenso e infinito que no parecía tener ninguna relevancia si rompían su juramento, lo habían hecho por el cielo y no habría ninguna repercusión. Jesús les dijo que el cielo era el trono del Señor y en era como si juraran por Dios mismo.

 

Juraban también por la tierra, pero al igual que el cielo la tierra tenía un propietario y era y es el Señor. Jesús le dijo que la tierra era el estrado de sus pies una clara referencia de su dominio y señorío y pues al igual que el cielo entraba dentro de sus posesiones y no podían jurar por ello.

 

Luego sus juramentos también se hacían por Jerusalén, sin embargo Jerusalén es la tierra del gran Rey y quedaba en la misma situación que el cielo y la tierra y, entonces, pasaba lo mismo que con la el cielo y la tierra. 

 

En el caso de la cabeza, Jesús les recuerda que ni de su propia cabeza eran dueños porque eran incapaces de evitar que un cabello fuera negro o blanco.

 

Una promesa ante Dios era un promesa y se debía cumplir. En Eclesiastés 5:1-7 encontramos un vehemente llamado a no comprometerse con Dios si uno no va a cumplir. 

 

II. Se evita con un si y con un no 

 

Cristo le pidió a sus seguidores aplicar sencillamente un sí para para lo que iban a hacer y un no para lo que no iban a hacer. No tenían que jurar por nada, simplemente tenían que comprometerse a hacer o dejar de hacer con toda sinceridad y honestidad y obrar justo en consecuencia.

 

Jesús le pide a sus seguidores que no hay necesidad de hacer votos o juramentos, si se está decido a obedecer a Dios. En esa condición solo basta un sí, para una acción positiva y también basta un no para una omisión negativa. Lo importante es el compromiso y la responsabilidad.

 

Este verso lo repite Santiago 5:12 en su epístola. En ese texto, el autor de la carta pide que no se haga ni una clase de juramento, sino que el hablar sea simplemente si o no. La razón por la que pide esta clase de solicitud es para evitar que las personas se condenen cayendo en juramentos que no se van a cumplir.

 

El riesgo de prometer y no cumplir es que además de engañarnos a nosotros mismos que es el peor de los engaños. Todos los engaños son frustrantes. Nos engaña el mundo, nos engaña el maligno, pero quizá el engaño más grande o más lamentable que pueda haber es el engaño de nosotros mismos.

 

Si no se tiene cuidado de lo que prometemos a Dios y enseguida no lo cumplimos no engañamos a nadie más que a nosotros mismo y eso es una calamidad.

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