Él amó primero

Dice la Biblia en Salmos 103: 8 (DHH)

«El Señor es tierno y compasivo; es paciente y todo amor.»

El problema de la existencia humana es sólo uno: el amor, esta necesidad se va haciendo mayor con el paso del tiempo, de la vida. Dejarse amar y saberse amado representan los conflictos más grandes de la humanidad.

Cuando las personas son dominadas por la sensación de que nadie los ama, que nadie los acompaña o apoya entran en un estado de incertidumbre dolorosa y soledad. Dios vino a cambiar eso, dio el primer paso, amó primero.

Por ello la relación que cada uno de nosotros establece con él es tan importante. En el Salmo 103, la declaración de David es clara, concibe al Creador como tierno, compasivo, paciente y todo amor, pero ¿Qué es el amor? ¿Una emoción? ¿Convicción? ¿Energía? ¿Concepto? No, el amor es Dios acercándose, es el acto en el que nuestro Señor se inclina y nos abraza, es lo que mueve su corazón, su ternura. En la síntesis de Juan: Dios es amor. 

Y su amor se deja ver de mil formas, mediante acontecimientos prodigiosos,  en su salvación y atenciones que nos reconfortan: en el amanecer y atardecer, en las nubes, la lluvia y la provisión, en la visita de un amigo, las oraciones de la congregación, las intervenciones divinas en nuestro camino y en su perfecto plan.

Ante esto, no nos queda más que ir a su encuentro, pues sólo así la hiriente soledad se verá poblada por su presencia, las lagrimas se evaporarán y los miedos saldrán huyendo. Él se convertirá en el amor que alegre e ilumine nuestra existencia. 

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