Poner en alto a Dios

Dice la Biblia en Salmos 99: 5

“Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies; él es santo.»

La tierra es el estrado de los pies del Señor. Las nubes el polvo de sus pies y el cielo es el trono del Señor. Estas son las comparaciones que encontramos en la Biblia cuando se trata de dimensionar el tamaño y la grandeza del Dios de Israel y el Señor de la iglesia de Jesucristo.

Las expresiones arriba mencionadas tienen la absoluta intención de hacernos ver la necesidad de adecuar nuestras palabras al dirigirnos a Dios. Por eso el salmista llama al pueblo de Dios a exaltar al Señor, que es lo menos que se puede hacer ante un ser infinitamente grande que se humilla a mirar la tierra, como dice otro salmo.

La palabra exaltad es bien interesante: procede de la raíz hebrea “rum” y comunica la idea de algo que se levanta muy alto por eso algunas veces se utiliza como orgulloso o desafiante porque se pone en la cima. Al referirse a Dios nos lleva a pensar que lo debemos poner en un lugar muy elevado. Exaltar es ascender, crecer, poner arriba.

Y Dios merece ese trato de nuestra parte porque además de que la tierra es el estrado de sus pies, las nubes el polvo de sus pies y el cielo su trono, es Santo. Su santidad es inmensamente pura. Su santidad se puede resumir en que está apartado completamente de la maldad. En Dios no hay mal, solo bien porque él es mismo Bien.

Todo esto no puede llevarnos a otra cosa que exaltarlo, engrandecerlo, ponerlo en alto, otorgarle el lugar más elevado de nuestra existencia. Cada día reconocer que nosotros estamos abajo y el habita en el cielo siempre y condesciende para con sus hijos para abrazarlos y amarlos.

Poner en alto a Dios es la única manera justa de darle el lugar que merece. Su lugar es el lugar más alto.

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