El hombre inicuo

Dice la Biblia en 2ª Tesalonicenses 2: 9 “inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos,”

 

El hombre de pecado, el hijo de perdición, el hombre inicuo que aparecerá poco antes del regreso glorioso de Jesucristo será obra de Satanás, según escribe el apóstol Pablo. Aparecerá justamente en medio de una sociedad absolutamente secular que reniega de la divinidad y que todo lo relacionado con Dios le resulta simplemente insoportable.

 

Al escribir sobre el retorno de Jesús, Pablo le dice a la cristiandad que el hombre de pecado aparecerá con dos características: 1. Con gran poder y 2. Con señales y prodigios mentirosos para engañar a toda aquel que lo oiga. Ambas acciones tendrán como origen al diablo que se encargará de dotarlo con esos poderes.

 

Satanás lo usará para hacer lo que siempre ha hecho con el mundo: engañar, mentir, falsear, tergiversar y extraviar a la gente. Ni siquiera tendrá autonomía. Será solo un instrumento por un poco de tiempo. 

 

El apóstol hace una descripción muy clara de ese personaje que aparecerá como antecedente inmediato de la segunda venida del Señor. Lo hace a una iglesia que necesitaba conocer los pormenores del evento más glorioso que todo el pueblo de Dios espera con ansiedad y gran esperanza. 

 

El Señor dejará que el maligno levante a este hombre. La voluntad permisiva de Dios dejará a las tinieblas procesar a un hombre con estas características con el fin de cumplir los planes y objetivos que el Señor tiene para demostrarle a la humanidad su inclinación maligna en todos los tiempos.

 

Cristo volverá y antes de que pise la tierra de nueva cuenta aparecerá el hombre inicuo o el hombre malvado. Cuando eso suceda el mundo entero pasará de sorpresa en sorpresa porque tendrá gran poder para engañar, pero justo cuando más adeptos tenga, el Señor lo destruirá. 

 

La iglesia sigue esperando ese suceso que dará paso a la nueva era de consolación y victoria absoluta de Jesucristo y su pueblo. La aniquilación del hombre de pecado será la plena demostración que frente al Señor nada ni nadie puede estar de pie.

 

 

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