La charlatanería: un pésimo aprendizaje

Dice la Biblia en 1 Timoteo 5: 13  

“Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.”

 

Introducción

 

La primera carta del apóstol a Timoteo fue escrita para corregir muchos errores doctrinales y de practica en la iglesia de Éfeso, que fue fundada precisamente por el apóstol Pablo en su segundo viaje misionero. El cristianismo recién se había plantado en esa importante ciudad del imperio romano y era urgente bien encaminarla para evitar herejías.

 

Para entender estas durísimas palabras que Pablo dirige a las mujeres de esa iglesia es imprescindible comprender el contexto cultural y el marco social y económico que prevalecía en esa ciudad que en griego significa “deseada” porque justamente allí reside la razón de esas expresiones apostólicas.

 

Y también es necesario atender el contexto en el que se dice esas palabras en la carta a los Efesios. El marco es los requisitos que se necesitaban para ayudar a las viudas de la congregación. Esa clase de mujeres eran sostenidas por la iglesia y era indispensable contar con un reglas para saber quien sí y quien no era merecedora de esa clase de apoyo.

 

La ciudad de Éfeso, según los historiadores, estaba asentada justo a la orilla del mar. Era un puerto importantísimo para los viajes entre lo que hoy es el continente asiático y europeo. El comercio entre ambos continentes la convertía en una ciudad de una pujanza económica singular. No es casual que en Apocalipsis la queja contra esa iglesia es que se creía rica.

 

Pero a la par de su gran economía, justamente en Éfeso se erigía el templo de Artemis o Diana como la describe Lucas en libro de Hechos. Ese recinto era tan imponente por su construcción en columnas que los viajeros de esos tiempos la llegaron a considerar una de las siete maravillas del mundo. 

 

Y no era exagerado, en ese espacio convergía la arquitectura y la opulencia en una combinación singular, pero también allí convergían las perversiones más inmorales debido a que la adoración a Diana estaba asociada con la prostitución sagrada. En el templo de Diana sus seguidores encontraban sacerdotisas que cobraban por sus servicios sexuales.

 

El ingreso económico en ese lugar era enorme. Muchos historiadores aseguran que ante la riqueza generada por el templo, pronto el lugar devino en un banco que prestaba dinero a quien requería recursos financieros. La desorbitada protesta de Demetrio el platero que nos relata Lucas en el libro de Hechos 19 parece confirmar estas ideas. 

 

Pero quizá el más grande mal social que existían en Éfeso era la brujería. Éfeso tenía como marca en toda la región su gran apego a la magia, los encantamientos, el ocultismo y todos los “misterios” de la vida y de la muerte. No es casual que cuando Pablo escribe la carta a los Efesios utiliza de manera reiterada la expresión “misterios” en un sentido irónico. 

 

La palabra “misterio” la utiliza al menos siete veces en Efesios 1:9, 3:3, 4 y 5, 5:32 y 6:19 para referirse a una verdad que para muchos era desconocida, pero ahora ha sido dada a conocer. La intención de Pablo era que ellos entendieran que si había o hay algún misterio éste ya ha sido revelado y todos los demás “misterios” o sus “misterios” carecen de importancia.

 

Pablo tuvo que recurrir a este juego de palabras para hacerles entender que era necesario abandonar toda práctica de ocultismo, brujería y hechicería porque en Éfeso era una práctica extremadamente arraigada, según leemos en Hechos 19: 19 que dice así: 

 

 ”Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata.”

 

Para comprender la magnitud de este suceso nos auxilia saber que cada pieza de plata equivalía al salario de una jornada de trabajo. Si dividimos las 50 mil piezas de plata entre 365 días del año obtenemos que se quemaron en Éfeso alrededor de 136 años de trabajo de una persona con la incineración de esos libros o el pago de un día de 50 mil personas. 

 

Y justamente aquí es donde nuestro estudio de hoy arranca. Porque la expresión griega para la expresión “magia” que utiliza Lucas en Hechos 19:19 es “periergos” exactamente la misma que utiliza el apóstol Pablo cuando escribe en la 1ª Carta a Timoteo 5:13 y que la versión Reina Valera 1960 traduce como “entrometidas”.

 

La Biblia de Torres Amat traduce la expresión como “chocarreras” y la Biblia de las Américas lo hace con la palabra “charlatanas”. Las mujeres que rompían su pacto o su promesa de dedicarse a Dios era presa fácil de esta situación y según el texto que hoy estudiamos caían también en la ociosidad y el chisme.

 

La charlatanería: una pésimo aprendizaje

 

I.  Nace con la ociosidad

II.  Se propaga con los chismes

III.  Se compara con la brujería

 

El contexto en que encontramos este texto es el trato que la iglesia debe tener con las viudas. Pablo hace una clara distinción entre verdaderas o genuinas viudas. Al hablar de las que dominadas por sus deseos sexuales se casan dice que además de romper su voto de entrega al Señor aprenden otros malos hábitos. 

 

Por lo menos encontramos tres malos hábitos que dan al traste no solo con la vida espiritual de ellas, sino con el funcionamiento de la iglesia porque se dedican a dañar la convivencia entre los creyentes.

 

El título del estudio de hoy nos obliga a definir la palabra charlatanería. Según la Real Academia de la Lengua Española: 

 

1.        Alguien que habla mucho y sin sustancia

2.        Un hablador indiscreto

3.        Un embaucador

4.        Una persona que se dedica a la venta ambulante y anuncia a voces su mercancía

 

I.  Nace con la ociosidad

 

La palabra griega “aergon” para esta expresión se forma de dos vocablos “a” que se traduce como “sin” o “falta de” y “ergon” que se traduce como “trabajo”. La ociosidad es entonces la falta de trabajo. Y la falta de trabajo o alguna actividad productiva produce personas que se dedican a hacer nada. 

 

Pero las mujeres que menciona Pablo además de dedicarse a nada iban de casa en casa de las hermanas y hermanos de la iglesia para perder su tiempo y hacer perder el tiempo de los demás porque habían roto su pacto con Cristo y no tenían intención de alguna de llevar un mensaje de bendición para quienes las escuchaban.

 

El problema de estas mujeres no solo era su ociosidad, sino su perniciosa actividad de ir de casa en casa a hacer gala de su falta de trabajo.

 

II.  Se propaga con los chismes

 

Este el único versículo donde se usa la palabra griega “phlyaroi” y que la Reina Valera 1960 traduce como “chismosas”, algunas otras versiones traducen como “murmuran”. El problema de estas mujeres fue exactamente que eran además de ociosas, chismosas. Al no tener nada que hacer su única actividad lúdica era hablar mal del os demás.

 

Los chismes o las personas chismosas son de los más perjudicial o dañino para cualquier componente humano. Porque lo dañan terriblemente.

 

III.  Se compara con la brujería

 

La última característica que Pablo menciona sobra estas mujeres es la expresión “entremetidas” que procede de la raíz griega “periergos” que se traduce en Hechos 19:19 como “brujería”. Las mujeres de la iglesia de Éfeso que andaban de ociosas y chismosas, andaban metidas también en problemas de charlatanería. 

 

Para comprender esta verdad debemos recordar lo mencionado al principio. En Éfeso era muy común todo lo relacionado con la hechicería, los encantos, la brujería y el ocultismo. El relato de Hechos 19: 11-20 es una cruda expresión de esta verdad.

 

Siete hijos de un sumo sacerdote judío llamado Esceva quisieron invocar el nombre de Cristo sobre una personas poseída por un espíritu maligno a manera de palabra de encantamiento: “Yo os conjuró por el Jesús que predica Pablo, expresaron.” El espíritu maligno les contestó: A Jesús conozco, Pablo sé quien es; pero ustedes quienes son?”

 

Y saltando el demonio pudo más que ellos y tuvieron que huir desnudos y heridos. 

 

Por esta historia muchos consideraban a Éfeso la capital mundial de la brujería. Y las mujeres de las que habla Pablo estaban metidas en ese problema al dejar su promesa de entregarse a Cristo en oración y andar de ociosas y chismosas.

 

Por eso al referirse o al decir que andaban de “entrometidas” o “charlatanas” o “chocarreras”, lo que estaba haciendo era elevar al mismo nivel a una persona que solo se dedica a la ociosidad, anda en murmuración y entrometiéndose en lo que no le importa. Estas actitudes son equiparables a la brujería.

 

Nos queda claro que aunque una persona no celebre la festividad de muertos o la festividad de Halloween, que son el gancho de practicas de culto a los muertos que debemos hacer a un lado o evitar, pero vive sin ocupación y solo se dedica a vivir para el chisme y la murmuración está haciendo justamente un acto de espiritualidad negativa.

 

El llamado es para las mujeres, pero en estos días, y siempre, resulta también muy aleccionador también para los hombres. Los brujos o las brujas que practican la brujería no solo vuelan en escobas, a veces están sentados a nuestro lado, murmurando, chismeando y entremetiéndose en lo que nos importa.

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