La madurez cristiana revelada en el trato a los enemigos

Dice la Biblia en Mateo 5: 43-48

 

43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Introducción

 

Un amigo se puede convertir en un enemigo. Casi siempre es así. Pero también un desconocido de pronto puede ser tu más grande rival ya sea por un mal entendido, ya sea por un pleito, una discusión o una absurda diferencia de opiniones sobre algún tema o persona.  

 

Los judíos de los tiempos de Jesús consideraban a los gentiles como sus enemigos o rivales y en esa condición se sentían con todo el derecho de aborrecerlo u odiarlos. Ellos no tenía cuidado o reparo alguno a la hora de manifestar su rechazo o expresar su fastidio contra quienes ellos consideraban sus adversarios.

 

Bajo esa situación los hebreos no tenían el menor remordimiento a la hora de expresar sus oscuras pasiones y se sentían con todo el derecho de odiar a quienes ellos consideraban dignos de esa condición.

 

La predicación de Cristo cambio diametralmente esa concepción e idea junto con su práctica porque planteó un trato distinto hacia esa clase de personas que hacían daño a los judíos para dar paso a una nueva manera de concebirlos, pero sobre todo de tratarlos, independientemente de su forma de ser o su manera de conducirse para con ellos.

 

La madurez cristiana revelada en el trato a los enemigos

 

I.Un trato equivocado

II.Un trato adecuado

     A. Amad a vuestros enemigos

     B. Bendecid a quienes os maldicen

     C. Haced bien a quienes os aborrecen

     D. Orad por quienes os ultrajan

III.Un trato imitando a Dios

     A. Que hace salir su sol sobre buenos y malos

     B. Que hace llover sobre justos e injustos

IV.Un trato diferenciado

    A. No como los publicanos

    B. No como los gentiles

V. Un trato que perfecciona

 

I.Un trato equivocado

 

En el libro de Levítico 19:18 encontramos lo siguiente:

“No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.”

 

La interpretación que los judíos de los tiempos de Jesús dieron a este pasaje fue de lógica: no podemos odiar a los judíos, pero si a los que no son judíos y entonces cualquiera que no fuera hebreo podía ser odiado, aborrecido porque de manera automática se convertía en un rival, adversario o enemigo.

 

Jesús corrigió esta mala interpretación de ese mandamiento porque evidentemente la idea de la ordenanza que le dio a su pueblo era para fomentar la limpieza de su corazón y no la idea de que había personas que si se podían odiar y otras que se deberían amar. Los judíos fomentaban un trato equivocado hacia sus semejantes. 

 

II.  Un trato adecuado

 

Jesús planteó en este pasaje al menos cuatro maneras de tratar a los personas que los hebreos consideraban sus enemigos. Los judíos tenían a la mano al menos dos grupos de personas que consideraban sus enemigos a muerte: los romanos invasores y los samaritanos que eran sus vecinos.

 

Los romanos eran crueles y muy altivos a la hora de tratar con los israelitas. Los samaritanos aceptaban estoicamente el trato que se les daba y soportaban con mucha paciencia a sus medios hermanos que nunca terminaban de aceptarlos por tener mitad sangre hebrea y mitad de sangre gentil.

 

Para ellos, Cristo pidió un trato adecuado, pidió que se les diera una atención diferente a la que se le había dado por siglos y para ello no olvidó el mal que les hacían, sino lo acentuó con los mandamientos.

 

A. Amad a vuestros enemigos

 

El primer mandamiento al relacionarnos con nuestros enemigos es que hay que amarlos. El odio u aborrecimiento debía desaparecer. Al decir que se les amara Jesús estaba siendo muy claro. La palabra amor que usa Mateo aquí procede de la raíz griega “ágape”. El amor con que Dios trata a sus hijos. Ese era el mismo que Jesús pedía y pide para los enemigos.

 

Jesús quería que los judíos y por supuesto que nosotros también, entendiéramos que los enemigos deben ser tratados como nuestros prójimos, es decir como alguien muy cercano a nosotros y no con indiferencia u odio. 

 

B. Bendecid a quien os maldicen

 

Cristo pidió hablar bien de quienes hablan mal de nosotros. Cristo pide que las maldiciones que lancen contra nosotros las cambiemos en bendiciones para ellos. Nosotros damos lo que tenemos y no podemos de ninguna manera responder igual que ellos porque ellos no conocen a Dios y nosotros sí. 

 

Ni el rencor ni el resentimiento deben vencernos a la hora de saber que algunas personas lanzan contra nosotros improperios, malas palabras, chismes, rumores y maledicencias, sino devolverles todo eso con bendiciones. Todo esto tiene que ver con nuestras palabras básicamente, aún no con nuestras acciones.

 

C. Haced bien a quienes nos aborrecen

 

Este mandamiento ya involucra hacer algo por ellos y Jesús subraya que debemos hacer bien a quienes nos aborrecen. Estar enterado de quienes nos odian o no nos aman y a pesar de ello cuando requieran un favor hacérselos sin mediar ningún reclamo u objeción por su forma de ser con nosotros.

 

Esta enseñanza prevalece a lo largo de toda la Escritura lo encontramos en Proverbios 25: 21-22 y Romanos 12: 20-21. Es una manera de probar nuestra naturaleza vengativa y una vez comprobado que no hay tal maldad en nuestro corazón el Señor se compromete a pagarnos tal acción, según leemos en Proverbios.

 

D. Orad por los que os ultrajan

 

Cristo pide que se ore por lo que nos ultrajan. La palabra griega para ultrajar es “diókó” que también se traduce como perseguir. La oración por aquellos que nos persiguen con sus palabras o con sus acciones debe ser una constante para que nuestro corazón no se enferme de odio o rencor.

 

La oración sirve como un instrumento para atempera la tentación de caer en la venganza tan común entre los gentiles a la hora de tratar aquellos que les procuran mal o les hace pasar malos momentos. 

 

III.  Un trato imitando a Dios

 

A la hora de ver las demandas y exigencia de Dios hacía nuestros enemigos preguntarnos de donde sacaremos fuerza para hacerlo o a quien imitaremos para lograrlo. Eso es muy lógico y por eso Cristo pone de inmediato al Señor mismo con dos ejemplos muy contundentes.

 

A. Que hace salir su sol sobre buenos y malos

 

A la hora de practicar su bondad Dios lo hace de manera pareja o por igual. No saca el sol solo para los buenos, sino que lo hace también para los malos que muchas veces y en muchas ocasiones evidentemente no lo merecen.  Por méritos los malos son indignos de recibir algún buen trato, pero Dios no opera así, nosotros tampoco. 

 

B. Que hace llover sobre justos e injustos

 

El segundo ejemplo que usa Jesús es el de la lluvia aplicada a justos e injustos. Dios de ningún modo hace distinción a la hora de enviar agua a la tierra para hacerla producir. Lo hace igual para todos. Dios no hace acepción de personas, ni clasificación de seres que merecen y seres que no merecen. A todos da un trato igual. 

IV. Un trato diferenciado

 

Los seres humanos somos muy dados a tratar de diferente manera a quienes nos hacen bien y a quienes no hacen mal. Es una costumbre o un hábito que vamos desarrollando conforme vamos creciendo y es necesario corregir cuando llegamos al conocimiento de Cristo.

 

Para expresar o enseñar esta manera equivocada de tratar a nuestros enemigos Jesús utiliza dos grupos sociales muy conocidos en su época y muy repudiados también por la sociedad judía, principalmente por los religiosos.

 

A. Los publicanos

 

Los publicanos eran odiados por recaudar impuestos para Roma. Los publicanos amaban a los que los amaban. En ese trato no hay recompensa alguna porque nunca será difícil amar a quien nos ama. El reto esta en amar a quien no nos ama. Al amar únicamente a quienes nos aman nos parecemos a los publicanos.

 

B. Los gentiles

 

Eran todavía más aborrecidos por los hebreos porque eran, a su juicio, seres inferiores y los llamaban paganos. Ellos saludaban solo a sus hermanos y si los seguidores solo saludan a sus hermanos y no a sus enemigos, ¿qué estaban haciendo demás?

 

V. Un trato que perfecciona

La palabra perfeccionar no tiene el sentido de algo sin error aquí. El vocablo griego para la expresión “perfectos” se traduce como “completo”, “maduro”. El trato que le damos a nuestros enemigos revela nítidamente nuestra madurez como hijos de Dios. Ninguna prueba como ésta para conocer lo que hay en nuestro corazón. 

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