Amar la verdad

Dice la Biblia en 2ª de Tesalonicenses 2: 10 “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.”

 

Cuando Pablo escribió sobre el regreso de Cristo a la iglesia de los Tesalonicences les dijo que habría muchas personas que se perderían a causa de seguir al hombre de pecado, quien los engañaría. La responsabilidad de esa condenación sería compartida. Por supuesto la influencia del hombre inicuo, pero también la responsabilidad personal.

 

El apóstol deja muy en claro que todos los que serán condenados al fuego eterno tendrán como característica común “no haber recibido el amor de la verdad”, es decir optaron por creer las mentiras antes que aceptar la verdad de Dios, en una decisión personal que los marcó de por vida. 

 

El regreso de Cristo a la tierra provocará la perdición de muchos hombres. Esa es una verdad que puesta así parece una injusticia, sin embargo con una buena lectura sobre la razón por la que estos hombres no serán salvos encontramos como principal razón el hecho de que no “recibieron el amor de la verdad”.

 

El mundo en el que vivimos empuja, sostiene, impulsa y promueve la mentira porque su príncipe es mentiroso y gobierna bajo engaño a miles de seres humanos que viven creyendo muchas de sus falsedades, hasta que la verdad llega a su vida y descubren un nuevo estilo de vida. Cristo denunció e hizo público las mentiras del diablo.

 

Cuando Cristo predicó dijo que él era el camino, la verdad y la vida. Dijo también y conocerán la verdad y la verdad los hará libres. Señaló que con su muerte el príncipe de este siglo (mentiroso y falso) ya había sido juzgado para dejar en claro que su labor primordial era dar a conocer la verdad de Dios.

 

A pesar de ello, mucha gente ha optado y opta por la mentira, antes que por la verdad y esa es una responsabilidad muy personal. Cada persona decide y Jesús a nadie obliga, pero la opción allí está para creer en la verdad, aceptarla y amarla para salvación de cada vida y evitar la condenación. 

 

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