Líbranos del mal

Por Porfirio Flores

Hablar de la corrupción desde la iglesia cristiana evangélica es un reto y una asignatura pendiente. En estos momentos en los que ese tema escala todo conglomerado social ya sea en países pobres o ricos, señalarlo, denunciarlo y criticarlo es un imperativo ético, sobre todo porque el mal de la corrupción afecta a todos.

Cuando el apóstol Pablo dijo que la iglesia era “columna y baluarte de la verdad” estaba contraponiendo de manera abierta a ésta con el sistema de corrupción que ya existía desde mucho antes que el imperio romano y estaba abriendo una brecha insuperable entre la iglesia y el mundo corrompido moral y materialmente.

Y eso es justamente lo que nos hace recordar el abogado, académico y consultor internacional, Roberto Laver, quien recién ha publicado un libro indispensable para todos los interesados en el tema: Líbranos del Mal, la corrupción y desarrollo para la fe y la iglesia cristiana en América Latina.

En él hace un llamado desde la academia y la sensatez a revisar la función de la iglesia cristiana evangélica a la hora de intentar insertarla en el mundo. La iglesia tiene mucho que decir sobre el fraude, el robo, la injusticia social y las trampas. Debe denunciarlas, nunca convalidarlas. Si la iglesia no es luz, entonces, no sirve para algo más.

La corrupción manifestada en nepotismo, clientelismo, conflicto de intereses, sobornos y malversaciones de fondos públicos debe ser señalada y censurada porque puede terminar devorando a todos los integrantes de la sociedad.

Con una solvencia y conocimiento fuera de toda duda, el autor de este volumen nos ha entregado un texto completo de cómo desde hace unos 20 o 25 años instituciones financieras como el Banco Mundial y organismos multilaterales como la ONU o la OCDE han impulsado la agenda de transparencia y rendición de cuentas en países de todo el mundo.

La corrupción en el orbe obligó la creación de un organismo independiente llamado Transparencia Internacional, que devino en oficinas en decenas de países con la finalidad de detener el abuso en el manejo de recursos financieros, subvencionados por la banca internacional y también los recursos públicos, pero fue insuficiente.

Entonces, se les impuso a los gobiernos principalmente en América, Asia y África establecer organismos contra la corrupción. Así fue como en México llegamos a los institutos de Transparencia y luego o casi junto, los órganos de auditoría, pero los resultados en la lucha contra este mal siguieron siendo pocos.

Es interesante notar que la iniciativa por transparentar el dinero público vino de fuera. No fue una determinación que naciera de la preocupación de las autoridades mexicanas. Fue la misma situación en muchos países hermanos de América Latina. Las reformas a sus sistemas de rendición de cuentas, también vinieron del exterior.

La última apuesta fueron los sistemas anticorrupción que en México y otros países fueron establecidos con bombo y platillo en estos últimos años, pero en realidad los alcances para castigar conductas fraudulentas, son victorias pírricas. Odebrecht es el caso más emblemático de este fracaso, al menos en México.

Pero volviendo al libro, Líbranos del Mal, la corrupción y desarrollo para la fe y la iglesia cristiana en América Latina está estructurado de una manera muy sencilla para su comprensión.

En el capítulo primero se aborda: “La corrupción en la escena internacional: de tema tabú a eje central de la agenda global de desarrollo”. El segundo: “Concepto de corrupción”; el tercero: “Medición de la corrupción” y el cuarto: “Los costos y las causas de la corrupción.” Mientras que el capítulo cinco: “Reformas institucionales.”

El capítulo sexto: “El factor cultural”; el capítulo séptimo: “La cultura de la corrupción en la justicia”; el octavo: “El rol de la fe y la iglesia cristiana para un cambio cultural” y el capítulo noveno: “Conclusiones”.  

Una mención particular merece el capítulo séptimo donde se aborda el tema de la cultura de la corrupción en la justicia. El autor señala crudamente la situación del poder judicial en México y América Latina. Jueces sin autonomía, plegados a intereses particulares o poderes fácticos han dañado seriamente esa institución.

Decenas de países han reformado sus sistemas de justicia penal, pero en retrospectiva el Estado de Derecho no ha cambiado mucho en ninguna nación y la justicia sigue siendo una gran deuda en muchos países.

Es un libro de lectura obligada para saber sobre qué terreno está pisando la iglesia evangélica cuando “sale a la política” o “sale a ser gobierno”. Teniéndolo como referente podremos entender el “fracaso” de la iglesia evangélica guatemalteca con presidentes cristianos. Desde Efraín Ríos Mont hasta el actual, Jimy Morales, las acusaciones de corrupción han estado siempre allí. Con todo y que ambos se asumieron evangélicos.

La corrupción es endémica. Está instalada desde una pequeña oficina pública municipal donde se puede comprar un permiso para instalar indebidamente un lupanar hasta en el centro del gobierno federal para obtener contratos y licitaciones que permitan hacer pingües negocios. Ignorarlo es de una ingenuidad que raya en la estupidez.

La iglesia cristiana evangélica debe estar consciente de esta situación y tener presente que se requerirá de hombres y mujeres de convicciones tenaces, negados de sí mismos y con una férrea y firme determinación de luchar contra ese mal. La historia nos ha dicho que muchos cristianos con muy buenas intenciones fueron subyugados por la corriente del mundo corrupto.

Al leer el libro podremos comprender mejor el por qué del gran fracaso del Partido Encuentro Social. Un instituto político que se insertó en una sociedad donde los partidos políticos son vistos como uno de los entes más corruptos junto con el sistema de justicia, la policía y los servidores públicos. Con conocimiento de causa ahora podemos decir que no podía esperar otro resultado. No alcanzó la votación mínima para mantenerse como partido.

Y en Oaxaca miramos con una profunda tristeza cómo el PES se ha asumido como un partido de pueblos originarios para conservar su registro local, imitando a otros institutos políticos que con tal de conservar registro y prerrogativas caen en esto, sin importar que sea una franca mentira. Al PES lo alcanzó la corrupción política.

Finalmente los tribunales electorales en la entidad rechazaron su pretensión y su incursión en la política ha quedado para los registros históricos y sobre todo como una lección para quienes usan el nombre de la iglesia evangélica en sus aviesos y más codiciosos deseos de grandeza y poder humano.

Por todo lo anterior, el libro del autor argentino Roberto Laver es oportuno, aleccionador y sobre todo clarificador y extremadamente propositivo. La iglesia cristiana evangélica claro que tiene mucho que decir y aportar a la sociedad para minar y socavar la corrupción. Pero para ello los creyentes deben estar dispuestos a sacrificar aún su propia vida en esa lucha.

Mientras leía el libro más y más me convencía que hoy como en los días de Jesús se necesitan muchos hombres como Juan El Bautista que denuncien la inmoralidad y corrupción de la sociedad como aquel lo hizo ante Herodes y Herodías, cuñados que sostenía una ilícita relación pasional, aunque le costó la vida misma.

La pregunta es, entonces, ¿Habrá disposición para sacrificios de esta tamaño?

“La corrupción no solo impacta el crecimiento económico, sino también la calidad de vida de los seres humanos. Inhibe y obstaculiza el desarrollo y potencial de cada persona y hace que las sociedades sean menos abiertas y justas”, concluye el autor de esa instructiva obra.

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