Deseo por la palabra de Dios

Dice la Biblia en Salmos 119: 131

“Mi boca abrí y suspiré, porque deseaba tus mandamientos.”

En su relación con la palabra de Dios, el salmista nos presenta una faceta desconocida para muchos de los lectores y estudiosos de la Escritura: ansiedad, deseo, anhelo y hasta mortal necesidad por tener o conocer los mandamientos del Señor en su vida para ponerlos por obra.

Los seres humanos experimentan deseos en muchas áreas de su existencia. De hecho el deseo es una de las motivaciones o razones que mueven la voluntad de muchas personas. Para el salmista el deseo de su corazón esta básicamente en la Biblia. La ansía con tal vehemencia que casi muere por ella.

Estas palabras o esta oración que hace el autor del verso que hoy reflexionamos tiene como finalidad invitar o llamar a los lectores de la palabra de Dios a mantener permanentemente su unión o su vinculación con los mandamientos de Dios como un imperativo o como una determinación incesante.

La intención es recordarnos a todos que la Escritura debe tener siempre un espacio en nuestra vida, pero no cualquier lugar, sino el primer lugar como cuando algo que deseamos ocupa nuestras prioridades en tiempo, esfuerzo y dedicación. El deseo se antepone y hace que algo se vuelva prioritario en nuestra vida.

El salmista ha llegado al punto de hacer de la palabra de Dios su más ferviente deseo y ansiedad de tal manera que leerla, reflexionarla y meditarla se ha convertido en una necesidad como comer, beber agua o, incluso, respirar. La Biblia forma parte de la vida del salmista. No es un accesorio, sino una parte vita de su existencia.

Hay una pasión por leerla, hay una emoción por acercarse a ella en todo momento. Nunca pereza o frialdad con ella, sino siempre anhelo por escuchar y conocer lo que Dios nos quiere comunicar diariamente. El deseo de la palabra de Dios se traduce con lectores ávidos de conocer cada día más del Señor.

Es un deseo que sólo consumado puede hacer que la persona se sienta complacida o satisfecha por poseer lo que tanto anhela. Tomada así la Escritura, jamás se abandonará o dejará, sino siempre tendrá un lugar central en la vida de quien ha decidido sumergirse en sus páginas para aprender la voluntad de Dios.

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