La ayuda a los necesitados que sí recibe recompensa

Dice la Biblia Mateo 6:1-4

“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

Introducción

Jesús conocía bien la naturaleza humana. Sabía de sus debilidades, de sus inclinaciones mal sanas, de sus oscuridades abismales y trato de curarla siempre. La manera de sanar cada una de ellas era atendiendo sus palabras, oyendo sus consejos y obedeciendo sus mandamientos.

Jesús sabía que la piedad podía ser una máscara para ocultar intereses personales, para encubrir motivaciones inconfesables y para esconder deseos contrarios a la voluntad de Dios.

Uno de esos males era precisamente el de alardear, presumir y hacer notorias sus buenas obras. En los tiempos de Jesús había hombres para quienes la piedad era una competencia para saber quien hacía más y en ese sentido aparecer como campeones de la vida espiritual y la justicia delante de los hombres.

Jesús previno a sus seguidores tener mucho cuidado a la hora de ejercitarse en tres actividades fundamentales de la vida espiritual: ofrendas, oración y ayuno. Es interesante notar que no los abrogó o anuló, sino pidió que se realizarán con la debida responsabilidad para que cumplieran con su propósito.

La piedad de la vida cristiana se logra haciendo estas tres cosas. Al hacerlos o ejecutarlos en automático el creyente se colocaba en posición de recibir un premio, galardón, reconocimiento o recompensa.

Comenzaremos hoy con las ofrendas, que Jesús enunció en primer lugar a la hora de señalar la piedad como espectáculo para recibir el reconocimiento de los hombres antes que de Dios.

La ayuda a los necesitados que recibe recompensa

I. La que se hace sin hipocresía

Jesús dijo que cuando se ayudara a un necesitado se tenía que hacer de manera adecuada. La palabra limosna que la versión Reina Valera 1960 utiliza procede de la raíz griega “eleémosune” y es casi una trasliteración cuando se escribe como limosna. La palabra limosna en realidad se debía traducir como ayuda a los necesitados o a los pobres.

Es interesante diferenciar entre dar ofrendas a la iglesia y ayudar al necesitado. Son dos cosas diferentes. Las ofrendas se dirigen a Dios y a su pueblo, en tanto que la ayuda a los desprotegidos, que también se dirige a Dios, va encaminada a cosas fuera de la iglesia.

En tiempos de Jesús era común que las personas que hacían obras de caridad u acciones sociales a favor de los menos favorecidos, les gustaba darlas a conocer para que la gente “conociera” o “viera” su piedad y de esa forma impresionarla para que las personas se admiraran de su labor social.

Jesús fustigó o señaló a quienes asumían esta actitud y los llamó “hipócritas”. La palabra griega para “hipócritas” tiene en el griego un origen teatral. Los hipócritas eran los actores de obras presentadas en los teatros griegos y romanos. Un hipócrita es un actor, que finge para impresionar al público.

A la hora de ayudar a los demás, Cristo quería que sus seguidores evitaran darlo a conocer y que pregonaran ante sus amigos o familiares lo que hacían por los demás. La ayuda al prójimo quedaba circunscrita a quien lo hacía y Dios. Un tercero o terceros la convertía en una práctica irregular.

No toques trompeta, recomendó Jesús. Algunas versiones traducen esta frase como “no vayas pregonando”, “no lo hagas público”, dicen otras y unas más señalan: “rindan homenaje”, para señalar lo que no debe ocurrir a la hora de destinar recursos propios para ayudar a quien lo requiere.

II. La que se da en el corazón

Luego de señalara como debe se debe orientar el auxilio económico al menesteroso, Jesús señala cómo debe hacerse el favor a los desfavorecidos. “No sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.” Que es un figura literaria para pedirnos discreción, mesura y tacto a la hora de hacer una obra de esa naturaleza.

Lo que Jesús le pide a sus seguidores es que esta clase de ayuda, se haga de manera secreta. Nadie más que Dios y la persona que lo hace debe saberlo para que su alcance y beneficio para quien lo hace quede garantizado.

La palabra griega para “recompensa” es “apodidómi” que se traduce como pago, pagaré, volver. La única manera de que Dios pague el favor que se hace con los necesitados es haciéndolo secretamente.

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