La gran equivocación de negar la vida eterna

Dice la Biblia Marcos 12: 26-27

“Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés como le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, así que vosotros mucho erráis.”

Introducción

Entre los grupos opositores a Cristo destacaron, además de los escribas y fariseos, así como los maestros e intérpretes de la ley, los saduceos que rechazaban la vida perdurable, la vida eterna o sencillamente no creían en la resurrección y hacían gala de sus razonamientos humanos para negarla y burlarse de ella.

Los saduceos, según los historiadores, “eran oportunistas en política y liberales en religión” que formaron un grupo muy fuerte en tiempos de Jesús y también fueron parte de la oposición que denostó a Jesús y sus enseñanzas y que también fue reprendido por el Señor ante su ignorancia.

De acuerdo a historiadores los saduceos era un influyente y aristocrática secta del judaísmo en los tiempos de Jesús. Todos los sumos sacerdotes, los jefes de sacerdotes y los integrantes del Sanedrín eran saduceos. Ellos controlaban los negocios que se hacían en el templo. Venta de insumos para sacrificios, renta de espacios para purificación, entre otros.

Apegados más al materialismo que a la vida espiritual, los saduceos diseñaron un modelo de enseñanza donde el tema de la vida después de la muerte simplemente no tenía cabida debido a que constituía un despropósito para sus fines más terrenales que celestiales y por ello decidieron negar todo lo que hablara sobre la resurrección.

Los saduceos negaban la vida después de la muerte con una ingeniosa historia de una mujer que se casó con siete hermanos de una misma familia. Según la ley del levirato en Dt. 25:5-6 esto era posible. La muerte de uno por uno de ellos, hasta el último, les hizo preguntarse que pasaría en la resurrección cuando todos se levantaran a la vida. ¿De quién sería esposa?

La vida después de la muerte siempre ha sido un tema que ha sido abordado y tratado por los hombres de todos los tiempos. Y desde siempre ha existido la idea de que el fin de esta vida no es la muerte. En culturas de todo el mundo se aprecia la idea de que la muerte es el inicio de otra vida.

Los guerreros de Terracota en China, resguardando a su rey, las tumbas de Monte Albán con utensilios para los muertos allí enterrados, las tumbas faraónicas en Egipto con toda clase de enseres y hasta alimentos para los que allí fueron sepultados son una evidencia que el ser humano siempre ha creído que hay algo después de la muerte.

La interrogante es, ¿qué hay? Y junto con ese cuestionamiento surgen otro más como: ¿cuándo comienza?, ¿cuándo termina?, ¿quiénes pasan a ella?, entre otras muchas interrogantes.

Esas preguntas los saduceos las habían cancelado. Ellos negaban totalmente alguna posibilidad de vida eterna. Pero el pensamiento o ideas de los saduceos no terminó con la desaparición de ellos. La negación de la vida después de la muerte siguió y sigue hoy propagada y defendida con grupos con otros nombres.

Oír esas voces o escuchar aquellas expresiones que niegan la vida después de la muerte es una de los grandes errores. La vida perdurable es una verdad que se puede rechazar, pero que no se puede refutar. Pensar en la vida después de la muerte es indispensable en una sociedad como la mexicana que año con año celebra y festeja a sus muertos.

Una gran equivocación: ignorar la vida después de la muerte

I. Por decisión propia

¿Hay vida después de la muerte? Claro que sí, responde de inmediato cualquier creyente evangélico. Pero los saduceos decían que no. Y lo argumentaban, incluso lo razonaban, pero con ignorancia que Jesús denunció a la hora de confrontarlos en una doctrina básica en el judaísmo: la vida eterna.

Cuando ellos buscaron a Jesús para interrogarle sobre ese tema, Jesús aprovechó para corregir uno de los yerros más grandes que el ser humano puede tener en ese tema. La vida perdurable es una realidad, no es un mito o tabú. Es una verdad que la Escritura revela y que Jesús manifestó de manera clara.

Jesús les dice a los saduceos en dos ocasiones (Marcos 12: 24 y 27) que estaban equivocados. Primero le dice que yerran y luego que mucho yerran. La palabra griega para errar que se usa aquí procede de la raíz planaó que comunica la idea de alguien que vaga o hace vagar a alguien, es decir que va por la vida sin dirección.

En la versión Reina Valera 1960 planaó se traduce como engañador, engañar, errar, extraviar, descarriar, seducir y vagar. Los saduceos habían decidido negar la vida después de la muerte.

Y eso es exactamente lo que ocurre en el tema de la vida después de la muerte. La gente o las personas son engañadas, extraviadas, descarriadas y seducidas. En un sentido se les hace vagar.

La palabra de Dios hace posible terminar con esto. Y nos conduce, nos guía y nos dirige en un tema sumamente importante para nuestra vida. La primera gran verdad que nos enseña es que hay vida después de la muerte. No todo termina cuando uno expira. Hay un después de terminada la existencia.

II. A pesar de la revelación escrita

Para explicar esta verdad Jesús remite a sus escuchas a la primera vez que se usó la frase “Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob” en libro de Éxodo 3: 6. Fue precisamente Dios quien se presentó de esa manera. Gramaticalmente debería haber dicho yo fui el Dios de Abraham…, pero dice “Yo soy…” en tiempo presente.

La construcción de esa manera de referirse a Dios sirvió de ejemplo para la verdad que Jesús quería enseñarle a los saduceos. Dios no tiene seguidores muertos. Sus justos están vivos, gozando de su presencia.

Aquí Jesús quiso aclarar plenamente el sentido de la vida eterna. “Jesús interpreta la resurrección, no como una continuación de la vida mortal (tesis farisea), sino como un estado de vida en plenitud con Dios.” Y en ese estado se encuentran los patriarcas que creyeron en Dios.

La muerte dejó de ser un misterio en Cristo. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo nos ofrecen verdades que consuelan nuestro corazón y nos animan a seguirlo. La resurrección de la hija de Jairo, de Lázaro y el hijo de la viuda de Naín son manifestaciones de su poder sobre la muerte.

Y ni que decir de su resurrección. El tenía el poder de la vida y de la muerte y su mayor ejemplo fue cuando resucitó de los muertos.

Cuando Pablo hablaba de la muerte lo hacía siempre con esperanza, nunca con tristeza ni con sufrimiento. En la carta a los Filipenses y en otras epístolas Pablo habla del tema con toda seguridad.

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