Acusaciones contra un empleado

Dice la Biblia en Proverbios 30: 10

“No acuses al siervo ante su señor, no sea que te maldiga, y lleves el castigo.”

Me gusta como se lee este verso en la Nueva Traducción Viviente: “Nunca difames al empleado ante su patrón, porque te maldecirá y sufrirás las consecuencias.” De esta manera el texto que hoy meditamos cobra actualidad y nos ayuda enormemente para entender el mensaje que nos quiere compartir.

El proverbista tiene la firme intención de enseñarnos en la difícil tarea de ser comprensivos con los débiles, de dejar de pensar que las personas por su condición social o económica son inferiores y quitarnos de tajo esa absurda idea de que los “de abajo” pueden ser maltratados por cualquiera y sin que éste reciba ningún castigo.

Pero también nos quiere formar en la compleja y difícil labor de entender a las personas vengativas y rencorosas, a aquellos que incapaces de recibir una reprensión se convierten en tus enemigos a veces a muerte por el solo hecho de haber sido señalados y acusados en ocasiones con toda verdad de su conducta inapropiada.

Ambas lecciones parte de una costumbre que tenían en Israel en los tiempos en los que se recopilaron los proverbios: Acusar, difamar o hablar mal de un empleado o trabajador ante su patrón o dueño de la fuente de su trabajo porque su reacción será de enfado y grave molestia y no se detendrá hasta desahogar su frustración.

La razón es simple: si se acusa a un trabajador ante su empleador por lo menos recibirá una dura reprimenda en público y puede que hasta su trabajo pierda y de allí su enorme enojo con quien fue acusarlo y no se detendrá hasta hacerle daño. De entrada hablará mal de él, o lo maldecirá que es el sentido de la expresión maldecir.

La idea del proverbista es que si vas a acusar a un empleado valores plenamente si al hacerlo tiene sentido y si ganarás algo con ello. Una vez tomada la decisión se espera que lo hagas en ausencia de él para evitar que te mire como su enemigo y se lance contra ti con verdades y mentiras con tal de desquitar su fastidio.

El trato hacia los demás siempre debe hacer con toda sabiduría para evitar ganarnos enemigos gratuitos.

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