Una mujer judía, su arte y cómo se escondió de los nazis

En 1940, los nazis requisaron el hogar de Elsa Koditschek, quien primero huyó para evitar los guetos pero después logró esconderse en la misma casa que le habían confiscado. Su historia fue descubierta gracias a una pintura que ella compró, que ahora será subastada.

Por Colin Moynihan

Elsa Koditschek vivía en una zona opulenta de Viena, cerca de las faldas de los Alpes, cuando los nazis que habían anexado Austria requisaron su hogar, en 1940. Un oficial alemán, líder de un escuadrón de la SS, se mudó al hogar de Koditschek.

A Koditschek, quien era judía, inicialmente se le permitió permanecer en la casa, en un apartamento del piso superior; se convirtió en inquilina dentro de su propio hogar durante casi un año, hasta que llegó una orden de deportación que la sentenciaba a un lóbrego e incierto futuro en un gueto polaco. En lugar de acatar la orden, huyó y dejó atrás las posesiones que había acumulado durante su vida, entre las que estaba la única obra de arte importante que había comprado, un paisaje pintado por Egon Schiele.

Durante años, se ocultó en casas de amigos que no eran judíos, de acuerdo con un recuento que hizo en decenas de cartas redactadas durante la guerra y en fechas posteriores. Pero su desesperación llegó al punto de obligarla a buscar refugio en la casa que los nazis le habían arrebatado, adonde entró de contrabando para vivir en secreto y en silencio con la inquilina en el piso superior.

Desde ahí podía ver al oficial de la SS, Herbert Gerbing, a través de una ventana, cuando este se sentaba en el jardín. Koditschek probablemente no sabía que mientras ella se escondía en la parte de arriba, él contribuía a las deportaciones de judíos en toda Europa.

“¿Quién iba a decir que compartiría el techo con un oficial de la SS?”, escribió en una carta dirigida a su hijo, Paul, quien se había mudado a Nueva York años antes.

“City in Twilight (The Small City II)”, de Egon Schiele, pintada en 1913, era propiedad de Koditschek. Credit Vía Sotheby’s.

Al final, el Schiele de Koditschek fue vendido durante la guerra, mientras ella luchaba por sobrevivir, y desde entonces ha sido vendido en varias ocasiones.

Pero sus cartas, escritas a mano en papel cebolla y que permanecen intactas después de haber sido guardadas con sumo cuidado en el sótano de un familiar, ayudaron a la familia de Koditschek y a los investigadores de la casa de subastas Sotheby’s a rastrear la procedencia de la pintura. Así, cuando el paisaje se ponga en subasta este noviembre en Nueva York, con un valor calculado entre 12 y 18 millones de dólares, los herederos de Koditschek compartirán las ganancias con los propietarios actuales.

“Es poco común que haya una víctima de robo o confiscación de parte de los nazis que ponga todo por escrito”, dijo Lucian Simmons, encargado mundial de indemnizaciones para Sotheby’s. “Por lo general, uno trata de conectar los puntos, pero están muy alejados entre sí”.

Simmons se acercó a la familia en 2014, después de descubrir por su cuenta indicios de que los Koditschek habían perdido una pintura de gran relevancia durante la guerra. A ese hallazgo le siguieron muchos años de negociaciones con los propietarios actuales del Schiele, unos europeos que lo compraron durante la década de los cincuenta, antes de llegar al acuerdo para la repartición de la próxima subasta de la obra, City in Twilight (The Small City II), pintada en 1913.

Quizá lo más relevante no sea la pintura, sino la historia que la acompaña: el recuento de una mujer que los nazis convirtieron en nómada y que terminó por regresar a la misma casa de la que había sido expulsada para vivir la guerra desde ahí, a unos cuantos pasos de uno de sus perseguidores. Koditschek sobrevivió y contó su historia en numerosas cartas dirigidas a su hijo, quien falleció en 1974. (Sotheby’s proporcionó las traducciones de algunos extractos de las cartas).

Una fotografía de Koditschek, tomada en la década de los veinte Credit Vía Sotheby’s.

Steven Luckert, un historiador que trabaja en el Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos en Washington, afirmó que la experiencia de Koditschek sobresalía entre las historias más asombrosas de judíos que habían vivido la guerra ocultos en ciudades sitiadas por los nazis. “El que viviera en la misma casa con alguien a cargo de las deportaciones hace que el hecho sea aún más extraordinario”, dijo.

Koditschek, viuda de un banquero, había enviado a sus hijos al extranjero por seguridad antes de que Europa entrara en guerra. Pero ella se quedó en Viena, en la casa de tres plantas que su marido había construido en 1911. Habitaba el primer piso, debajo de su inquilina de toda la vida, Sylvia Kominski, apodada la “tía Sylvia” a pesar de que no era parte de la familia.

Cuando el nazi y su familia se adueñaron del primer piso, Koditschek se mudó al segundo, donde compartió las habitaciones con Sylvia; llevó la pintura de Schiele consigo, según cree la familia Koditschek. Vivió en la clandestinidad haciendo quehaceres para Sylvia y escondiéndose donde pudiera cada vez que alguien tocaba a la puerta.

No está claro cuándo se vendió el Schiele, aunque Sotheby’s supone que debió suceder entre 1941 y 1943. Una de las cartas de Koditschek describe cómo Sylvia, quien le había proporcionado alimentos mientras permanecía escondida, llegó un día al apartamento donde Koditschek se escondió al principio diciendo que ahora ella también necesitaba dinero y quería permiso para vender “las pinturas”.

Integrantes de las Juventudes Hitlerianas marchan armados por las calles de Viena, Austria, en marzo de 1938 después de la anexión de Austria por parte de Hitler. Credit Associated Press.

De acuerdo con sus cartas, Koditschek no tenía indicios de que Gerbing participaba en una función determinante en la deportación de judíos. El centro Yad Vashem, una institución que conmemora el Holocausto en Israel, describe a ese agente de la SS como una pieza clave en la ejecución de esas políticas y asegura que “participó en redadas y arrestos, y se reportó que en uno de los casos había actuado de forma extremadamente brutal, al ocasionar graves lesiones a los detenidos”.

A pesar de que las cartas son cautivadoras, dejan muchas dudas. ¿Cómo fue que Koditschek pasó inadvertida por completo? ¿La tía Sylvia también era judía? De ser así, ¿cómo escapó ella de la persecución?

Aun así, Ted Koditschek, nieto de Koditschek y profesor emérito de Historia en la Universidad de Misuri, dijo en una entrevista que la correspondencia es una fuente invaluable para la familia. “Es una especie de Piedra de Rosetta para un grupo reducido de personas”, y agregó que “sigue habiendo muchas preguntas que no tienen respuesta y que seguirán así”.

Una carta que Koditschek escribió a su hijo, Paul. Sus cartas conservadas y traducidas fueron invaluables para rastrear la procedencia de la pintura de Schiele. Credit Vía Sotheby’s.

Sotheby’s, que ganará una comisión con la venta de la pintura, ha hecho varias negociaciones entre los herederos de judíos que perdieron sus obras de arte durante el Holocausto y los dueños actuales de las obras. Dichas soluciones a menudo consisten en abordar temas complicados en cuanto a leyes de propiedad, ética y derecho internacional. La casa de subastas no proporcionó la identidad de los propietarios actuales del Schiele, pues solicitaron el anonimato.

Koditschek seguía en su casa en 1944, cuando los aliados bombardearon Viena, y en 1945, cuando escuchó rumores de que Gerbing había sido asesinado por una muchedumbre en Praga. Él jamás volvió de ese viaje y el ejército ruso entró a Viena ese mismo año; ella escribió que saquearon su casa a su paso.

Con el tiempo, Koditschek logró llegar sana y salva a Berna, Suiza, donde falleció en 1961.

Historia retomada del New York Times.

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