Todo por los hijos

Dice la Biblia en Génesis 25: 5

“Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac.”

Según el relato de Génesis, Abraham fue un hombre inmensamente rico. Desde su salida de Ur y su establecimiento en tiendas en Canaán hasta su muerte a la edad de 175 años, el patriarca fue un hombre de solvencia económica y profunda espiritualidad, dos rasgos que supo combinar perfectamente: dinero y Dios.

Antes de partir de este mundo, el padre de la fe decidió entregar todas sus posesiones a Isaac. Su hijo nacido de Sara, compartía como padre a su medio hermano: Ismael, hijo de Agar, quien, de acuerdo a la tradición judía tuvo más hijos con Abraham: Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa.

A todos ellos, Abraham dio dones, regalos, presentes y los mantuvo lejos de su hijo, el hijo de la promesa que Dios le había hecho de que sería padre de multitudes. A Isaac le entregó todo cuanto tenía. Génesis nos proporciona este relato para subrayar el trato que se dispensaron padre e hijo. En Génesis 24: 36 se había dicho exactamente lo mismo.

De Abraham, Isaac recibió todo. No escatimó nada para el. Todo su patrimonio pasó a manos de su vástago en una actitud que revela mucho del patriarca porque antes de partir de este mundo supo que ese hijo sería precisamente el medio o el instrumento para la creación de la nación hebrea.

Abraham se supo desprender de sus posesiones en el momento adecuado. Supo que le restaba poco de vida y comenzó a ordenar su vida doméstica. Conocía bien la naturaleza de cada uno de sus hijos. A los que tuvo con Agar optó por alejarlos de sus hijo. Abraham consideró mejor a que vivieran juntos.

La relación entre Abraham e Isaac nos revela mucho de nuestro Dios. Tenemos un Padre que no escatimó nada por nosotros, nos dio todo, aún lo más valioso que tanto amaba: su Hijo.

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