Viven librados los que habitan con Dios y le aman

Dice la Biblia en Salmo 91: 3-4

El te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá,
y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad.

I. Viven librados
A. Del lazo del cazador
B. De la peste destructora
C. Como los polluelos debajo de la gallina
D. Protegidos por la verdad

Introducción

Una de las grandes bendiciones que alcanzan todos aquellos que convierten a Dios en su habitación y le aman es que los libra, les da seguridad y los protege de aquellos eventos mortales y mortíferos que azotan a la humanidad. Los libra, es decir, no permite que a ellos les ocurra esa clase de males.

Algunos tratadistas aseguran que este salmo se recita o se repite justamente por las noches. Es una interpretación derivada de la mención en dos ocasiones de esa palabra en el salmo. La realidad es que los versos que hoy utilizaremos para nuestro estudio nos animan a recordar la forma en que Dios nos cuida.

Dios nos protege y nos da seguridad a la hora cuando se presentan fenómenos que hacen estragos en el mundo. Nosotros podemos estar confiados de que el siempre nos guardará. Quizá el ejemplo más grande que podemos aprender es que durante las 10 plagas en Egipto a los judíos nos les ocurrió nada. Nada los daño porque Dios los libró.

II. Viven librados

La palabra “librará” que usa el verso tres cuando dice “él te librará” procede de la raíz hebrea “natsal” que en Génesis 31: 9 se utiliza como “quitar” en el sentido de “arrebatar”. En Éxodo 3:22 se utiliza como “despojar” es decir quitar a la fuerza algo a alguien. Tiene casi el mismo sentido de arrebatar.

Liberar en este sentido implica, entonces, una acción unilateral en la que el sujeto pasivo nada puede hacer, sino todo recae en quien ejecuta la liberación. O quien quita o arrebata.

A. Del lazo del cazador

La expresión te liberará queda claramente explicada cuando vemos lo primero de lo que seremos liberados. Del lazo del cazador. Es una figura retórica que usa el salmista para hacernos ver que Dios nos librará de aquellas situaciones o circunstancias que nosotros no alcanzamos a percibir o darnos cuenta de ellas.

El lazo del cazador es una manera de llamar a las trampas que los cazadores ponían a los animales que querían cazar. Eran trampas imperceptibles para aves, para felinos o para cuadrúpedos que siempre terminaban por caer porque los cazadores lograban mimetizar o hacer tan reales sus estratagemas para que los animales cayeran.

Dios nos dice que las trampas que puedan poner en nuestra contra Dios nos arrebatará de ellas. Esta quizá es la más grande y necesaria promesa que requerimos en nuestra vida porque hay personas que quieren dañarnos desde lo oculto y Dios nos dice que él se encargará de arrebatarnos o de quitarnos de sus manos. Los despojará de nosotros.

Cuando sabe y ve lo que se está haciendo contra nosotros, tenemos mucho cuidado con esas personas, pero la dificultad es grande cuando no sabemos quienes deponen en nuestra contra y allí es justamente cuando nuestro buen Dios interviene por nosotros para quitarnos de ese peligro.

B. De la peste destructora

La palabra peste procede de la raíz hebrea “deber” que se usa como “pestilencia” o “plaga” para referirse a un evento sumamente destructivo, particularmente con la vida de las personas por alguna enfermedad de la que no se encuentra o no existe medicina alguna y que socava la salud pública.

En la Biblia encontramos dos etapas en que aparecieron muchas plagas: 1. Cuando los judíos salieron de Egipto y 2. Cuando los judíos caminaron de Egipto a la tierra prometida por más de 40 años. En ambos hechos hubo plagas y pestilencias que mataron a miles de personas tanto en Egipto como en el desierto.

La peste o las plagas han acompañado al ser humano casi desde su aparición en al tierra. Hoy en día existen plagas que están diezmando a la gente: el sida, la diabetes, el cáncer, entre otros. Dios promete librarnos de plagas que son destructivas, siempre y cuando lo hagamos nuestra habitación y lo amemos.

La expresión “peste destructiva”, en otras versiones se traduce como “peste funesta” y en otras como “peste mortal”. Lo que indica que esta clase de peste, azote, o pestilencia no es cualquier clase de enfermedad, sino aquella que lleva a la muerte a quienes la sufren o la padecen.

C. Como los polluelos debajo de la gallina

Dios promete librarnos tanto del lazo del cazador como de la peste destructiva, poniendo un ejemplo que la naturaleza o el mundo animal nos regala. La gallina cuando comienza a llover o cuando ve un peligro inminente para su críos de inmediato y rápidamente los coloca debajo de sus alas que se abren para que allí descansen.

El ejemplo ha sido tomado de las aves que generalmente protegen de esta manera a sus críos. Poniendo sus alas los cuidan.

De esa forma los cuida y los protege. Dios desea que nosotros podamos entender y asimilar que ante los diversos peligros que acechan la vida de sus hijos, él está siempre dispuesto a cuidarlos y ver por ellos. Anteponiéndose él mismo como escudo o como refugio.

Por supuesto que alguien podrá pensar que las alas de una gallina ni a ella le pueden salvar de la muerte, pero el sentido del salmo es que Dios es quien nos resguarda bajo sus alas y
Él es poderoso para cuidarnos de todo mal y hacer que todo lo que nos pudiera ocurrir sea evitado.

D. Protegidos por la verdad

Hay un elemento que el salmista agrega para saber que Dios nos libra del mal o de las trampas ocultas y de la peste mortal y ese elemento es la verdad. La verdad se convierte en escudo y adarga. Algunos traducen escudo y armadura. Aunque en realidad la palabra adarga se refiere a un escudo pequeño fabricado para aguardar.

Sin embargo, algunos traducen la frase también como “baluarte” que era una pequeña construcción en las orillas de los castillo para acantonar o establecer allí tropas. Era un lugar seguro para defender la fortaleza.

Estas dos expresiones, escudo y adarga, sirve para ejemplificar lo importante que resulta la verdad de Dios. No solo de su persona o relacionada con el Señor mismo. Porque Dios no miente, sino también porque una manera de protegernos a nosotros mismos es no hablando mentiras, porque es lo contrario a la verdad.

La palabra verdad procede de la raíz hebrea “emeth” que se traduce como certeza, cierto, firmeza y verdadero. Dios es verdad y la verdad nos protege porque su esencia es Dios. En sentido contrario la mentira siempre nos dañará. Decir y hablar verdad será una defensa siempre para nosotros.

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