La insatisfacción

Dice la Biblia en Juan 4: 16

“Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.”

Cuando la mujer samaritana logró comprender la clase de agua que Jesús le ofrecía, –le estaba ofreciendo el agua viva que significa la posibilidad de sentir satisfacción personal aún ante las carencias materiales o afectivas–, y le pidió que le diera de esa agua, entonces Jesús le pidió que llamara a su esposo, a sabiendas que ella no estaba casada.

La mujer samaritana había tenido cinco maridos y con el que vivía la momento de hablar con Cristo no era propiamente su marido, sino una relación más en su tormentosa vida sentimental. Era evidente que el cambio constante de esposo era resultado de la insatisfacción personal que padecía la samaritana.

Por supuesto que la solicitud de Jesús de que fuera por su esposo era intencional. Quería el
Señor mostrarle que la relación matrimonial para que sea duradera requiere que las personas que ingresan a ese estado entren satisfechos de ellos mismos y de todo lo que los rodea.

La insatisfacción personal no podrá ser llenado en el matrimonio. El matrimonio no sirve para llenar vacíos. El matrimonio es para compartir, para dar. Y cada persona que llega a él debe comprender que la relación de pareja para que sea satisfactoria debe pensarse siempre qué va a ofrecer cada quien y no qué va a recibir.

Las personas que viven insatisfechas buscarán siempre llenar su vacío. Vivirán disgustados y descontentos porque sentirán que nada los llena. Cuando se casen, esa insatisfacción se manifestará y les hará creer que la culpa de su estado es su pareja y de inmediato tratarán de alejarse de ella.

El diálogo entre Jesús y la mujer samaritana nos recuerda que el matrimonio es la renuncia absoluta al egoísmo. El matrimonio es la unión entre dos personas que satisfechas de lo que tienen y son llegan para compartir y dar para enriquecerse mutuamente y disfrutar juntos de sus unión.

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