Cantando con gratitud

Dice la Biblia en Colosenses 3: 16 “…cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.”

El apóstol Pablo es uno de nuestros mejores ejemplos para cantar a Dios y no precisamente porque haya sido un excepcional cantante, sino porque nos enseñó a cantar no solo cuando las cosas marchan bien, que siempre resultará fácil, sino porque nos enseñó a adorar a Dios cuando las cosas no marchaban bien o cuando de plano son totalmente adversas.

Pablo y Silas fueron detenidos, según nos relata Lucas en el libro de Hechos, en una ciudad llamada Filipos, colonia romana que tenía jueces obligados a oír primero a los acusados, máxime si eran romanos, pero los juzgadores pasaron por alto esta situación y golpearon y encarcelaron a los dos y los metieron hasta lo más profundo de la prisión.

Allí, justo a la media noche, Pablo y Silas cantaron al Señor. No necesitaron músicos, tampoco necesitaron un altar. No digo que sean accesorios sin importancia, pero la verdadera adoración, la que llega al corazón de Dios, es aquella que nace justamente en los momentos o las circunstancias más adversas para cantar.

Por eso Pablo tiene toda la autoridad para pedirnos que cantemos con gracia, es decir que cantemos con gratitud en nuestros corazones al Señor. La gratitud nos llevará a entonar al Señor salmos, himnos y cánticos espirituales que son expresiones o maneras de usar nuestra voz delante del Dios del cielo.

La gratitud es lo que mejor retrata a cada persona y a cada creyente. Un creyente agradecido levantará su voz independientemente de su estado de ánimo, sus circunstancias y las aflicciones que le aquejen. La gratitud hace que esa persona se eleve por encima de ellas. Siempre hay más cosas que agradecer que cosas por las cuales quejarnos.

La gratitud se expresa de muchas maneras, una de ellas es cantando al Señor con todas nuestras fuerzas y con todo nuestro corazón.

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