Los designios del Rey se cumplen

Dice la Biblia en Mateo 1: 11-12

11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia.12 Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel.

Introducción 

Los planes de Dios se cumplen siempre. No importa la circunstancia, no importa la adversidad, no importa que todo parezca perdido. Si él ha dicho que hará algo, él lo hará aunque humanamente parezca que no se pueda llevar a cabo y aunque no quede rastro de quienes habrían de cumplir lo que el Señor ha dicho. 

Esto nos queda claro con la destrucción de Jerusalén en el año 584 antes de Cristo, cuando esa ciudad fue destruida y sus habitantes fueron llevados cautivos a Babilonia. A ese episodio ocurrido apenas cuatro siglos antes de Cristo llegará a la tierra Mateo le llama “la deportación a Babilonia”. Algunos le llaman “el cautiverio babilónico.”

El libro de Daniel nos relata que toda la familia real fue llevada presa a Babilonia. Daniel, Sadrac, Mesac y Abdenego que pertenecían a la realeza fueron instalados como miembros del servicio de los gobernantes babilonios y todo parecía apuntar a que los planes de traer al Mesías a través de la línea sucesora de David quedaba cancelada.

El cautiverio babilónico duró exactamente 70 años, tal como lo profetizó Jeremías. Por 70 años dejó de haber sacrificios en la tierra de Israel. En esas condiciones el advenimiento del Mesías lucía imposible. A dónde vendría?, ¿quién lo recibiría?, ¿qué pueblo lo celebraría? Fueron las preguntas que se hicieron. 

Pero de la nada, el imperio de Babilonia se derrumbó y fue derrotado por los medos que le permitieron a los judíos retornar a su tierra y reconstruir el templo de Jerusalén y los muros de la ciudad. Esa fue una clara manifestación de que los mandamientos de Dios se cumplen siempre.

Nada es imposible para Dios. La genealogía de Jesucristo nos enseña que el cautiverio babilónico no fue impedimento para que los antecesores de Cristo vivieran y prosiguieran con la línea sucesoria del trono hasta que llegó Jesucristo a nacer a Belén, la tierra del rey David. 

  1. Se cumplen

La historia del cautiverio babilónico la encontramos anticipada, narrada cuando ocurre y contada una vez que ha sucedido. Profetas advirtieron una y otra vez a los judíos que vivían en Jerusalén que los pecados y la maldad que se practicaba en la santa ciudad sería castigada y los instaban a arrepentirse, pero no lo hicieron.

Se obstinaron por seguir sus caminos y un día tuvieron que sufrir el castigo del Señor quien usó a los caldeos, una nación muy cruel para aplicarles su disciplina y su reprimenda por no solo ignorar sus mandamientos, sino por rebelarse a sus ordenes y vivir sin temor ante su Creador. 

La historia de Jeconías o Joaquín la encontramos en el 2º Libro de Los Reyes 24: 8-12. El fue descendiente de Josías y le tocó ser rey cuando Nabucodonosor entró a Jerusalén para sitiarla, quemarla, destruirla y enseguida llevarse cautivos a Babilonia a todos aquellos que pudiera llevarse. 

Según ese relato la nobleza hebrea fue llevada cautiva, así como a todos los artesanos y herreros que sumaron en total 10 mil personas que se trasladaron de Jerusalén a Babilonia en un penoso traslado que duró meses y que dejó en Jerusalén a los más pobres de entre los hebreos. 

En la capital de Israel quedó como rey impuesto por Nabucodonosor un hombre llamado Sedequías, pero que se rebeló y le tocó propiamente la destrucción de esa ciudad y ver la muerte de sus hijos que fueron degollados y él fue torturado y le sacaron los ojos. 

Sin embargo en el 2º Libro de los Reyes 25: 27-30 encontramos el relato de lo ocurrido a Joaquín o Joacim, como lo nombra el libro de Mateo, quien fue sacado de la cárcel y tuvo una relación estrecha con el rey durante el resto de su vida. 

Precisamente de este rey sería que vendría la la descendencia de Cristo. El Señor preservó hasta el último momento a quienes habría de usar para traer a la tierra a su hijo. 

          2. Por su intervención soberana

El imperio de Babilonia duró casi 100 años del 626 al 539 antes de Cristo y pese a su ferocidad y fortaleza, fue conquistado por los persas, encabezados por Ciro II llamado Ciro El Grande, quien destronó al imperio de su gobierno en el medio oriente y dio paso a su gobierno y poder de los persas.

Una de las primeras acciones de este rey fue regresar a los judíos a Jerusalén. Volvieron encabezados por Nehemías, que según su libro se dedicó a reconstruir los muros de Jerusalén. También retornaron con Esdras, sacerdote y escriba, versado en la Escritura que se encargo de la enseñanza del Torá a los judíos que volvían.

También volvió con ellos Zorobabel, cuyo nombre significa “simiente de Babel” que se puede traducir como nacido en Babilonia, quien volvió a su patria con la encomienda de reconstruir el templo de Jerusalén, completamente destruido por los babilonios, acompañado de cientos de hebreos.

Según leemos en Esdras 5: 13-16 fue Ciro el que ordenó nombrar a Zorobabel como gobernador. En este pasaje se le identifica como Sesbasar, aunque es realidad es el mismo 

Zorobabel y también se le entregó los utensilios de la Casa del Señor. 

Este Zorobabel es precisamente el que menciona la Escritura en la genealogía de Jesucristo. Fue descendiente del rey David y según Mateo fue ascendiente del Señor, a pesar de que vivía en tierras muy lejanas. 

En la historia de este varón, que la encontramos mencionada en Esdras 2:1-2, Nehemías 7:6-7 y relatada en el libro de Hageo, descubrimos con toda claridad la intervención soberana de Dios en el desarrollo de la historia humana para conducirla hacia la redención humana, primero con Cristo, pero indudablemente con su segundo retorno.

Ciro “El Grand” no se imaginó que sus decisiones o su aprobación para el regreso de los judíos a Jerusalén formaba parte de un plan eterno. Suele sucederle a los poderosos o que se sienten poderosos y dueños de la vida de miles de seres que son en realidad una muy pequeña parte de un gran engranaje en la historia de la humanidad. 

Los planes de Dios se ejecutarán siempre. A pesar de lo más oscuro, a pesar de lo más adverso, a pesar de que parezca imposible. Siempre su mano de poder estará con sus hijos y moverá hasta los seres más impensables para llevar a cabo sus designios porque el es Soberano. 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: