Iglesia amada

Dice la Biblia en Apocalipsis 3:9

“…he aquí yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado.”

La iglesia de Filadelfia que se había mantenido fiel y constante en su servicio a Dios y que había enfrentado la presión y el acoso de un grupo de personas a las que el libro de Revelación señala como integrantes de la “sinagoga de satanás” terminaría derrotando contundentemente a sus adversarios.

La victoria haría que sus enemigos reconocieran su rotundo fracaso, su equivocada guerra contra la iglesia y su estéril lucha contra la obra de Dios porque por encima de sus ataques y sus malas acciones contra esa congregación, el Señor siempre actuó a favor de los creyentes que conforman la iglesia.

Si los verdaderos judíos no pudieron con la iglesia al comienzo de era cristiana (Pablo y los sumos sacerdotes de su tiempo, son el mejor ejemplo de ello), menos lo harían falsos judíos.

La iglesia de Filadelfia venció a sus oponentes por una sola razón: Dios la amaba entrañablemente. El amor de Cristo por su iglesia es inconmensurable y por ese amor nada ni nadie la podrá vencer porque no solo la cuida, sino también la sustenta para proveerle fortaleza y poder para luchar contra en el mundo.

Que reconfortante resulta saber que Cristo ama a su iglesia y todavía más estimulante resulta saber que lo hará patente frente a los adversarios que tratan de agraviarla y hacerle daño. Su fracaso está anunciado y profetizado. La iglesia santa de Dios habrá de vencer siempre, aun en las noches más oscuras.

Cristo advirtió a sus seguidores que en el “mundo tendrían aflicción”, pero que confiarán porque él había vencido al mundo y esas palabras cobran vigencia cuando escuchamos que la iglesia de Filadelfia salió avante en sus tribulaciones por el gran amor que el Señor le dispensaba.

La iglesia de hoy en día que enfrenta embates tanto internos como externos puede confiar y descansar en la promesa de Dios porque el Señor siempre tendrá cuidado de su pueblo, siempre estará atento para sostenerla en las circunstancias más adversas como ha quedado demostrado a lo largo de la historia.

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