Imágenes del Holocausto: la paradoja del bien y el mal

Por Maurice Berger

Con el ascenso del nacionalismo blanco, la violencia racial y el terrorismo nacional en Estados Unidos, los fotógrafos han tenido que documentar cada vez más sus consecuencias brutales: desde la foto policial de Dylann Roof, quien mató a nueve feligreses negros en 2015 mientras oraban en una iglesia de Charleston, Carolina del Sur, hasta los altares conmemorativos improvisados frente a una sinagoga de Pittsburgh donde once congregantes judíos fueron asesinados el mes pasado por un supremacista blanco y antisemita declarado.

Los fotógrafos también han registrado la resistencia que ha surgido contra el racismo y el antisemitismo, al mostrar cómo los estadounidenses se manifiestan y se oponen a la intolerancia de maneras que pueden llegar a ser discretas o escandalosas, pero siempre basadas en principios

Uniforme marcado con una estrella amarilla en el campo de concentración de Theresienstadt en Checoslovaquia Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture

La yuxtaposición de estos distintos tipos de imágenes muestra la realidad del odio, la posibilidad de vencerlo y el papel que tiene la fotografía en estimular el cambio. La fotógrafa Judy Glickman Lauder explora el contraste entre la capacidad humana para la intolerancia despiadada y la valentía necesaria para superarla en Beyond the Shadows: The Holocaust and the Danish Exception (Aperture). En su análisis de esta paradoja, Glickman Lauder no observa el presente, sino una era previa y diferente, cuando los nazis exterminaron a millones en su búsqueda demoniaca de pureza religiosa y racial.

Beyond the Shadows, que incluye textos de Glickman Lauder, Michael Berenbaum, Judith S. Goldstein y Elie Wiesel, alterna entre dos tipos de imágenes. Hay fotografías oscuras y evocadoras de los campos nazis de concentración y exterminio en Alemania, Polonia y Checoslovaquia, tomadas a lo largo de los últimos treinta años, así como retratos e historias de ciudadanos daneses que, durante la ocupación alemana hace 75 años, valientemente opusieron resistencia al Tercer Reich al transportar a lugares seguros a los judíos del país, algunos de los cuales también aparecen retratados.

Las inquietantes fotografías de Glickman Lauder de los campos de la muerte —muchas capturadas mediante el místico brillo de la técnica fotográfica infrarroja— exponen los mecanismos del genocidio: las cámaras de gas, las mesas de disección y los crematorios nazis. Otras imágenes preservan las reliquias perturbadoras de aquellos que murieron, desde pilas de zapatos y maletas hasta un montículo de cenizas humanas. En estas fotografías crudas que reviven el pasado no aparecen personas, pero aun así están repletas de historia y humanidad. Están pobladas de espíritus, no solo de los espíritus de las víctimas, sino también de los de los hombres y las mujeres que las encerraron, torturaron y asesinaron.

Chimeneas en el campo de concentración de Birkenau en Polonia Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture
Una cámara de gas en el campo de concentración de Auschwitz en Polonia Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture
Una mesa de disección en el campo de concentración de Majdanek en Polonia Credit: Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture

“A finales de la década de los ochenta, cuando visité por primera vez Varsovia y Cracovia, Auschwitz y Birkenau, casi podía escuchar los lamentos y sentir la presencia de lo que había transcurrido en una época anterior a la mía”, escribió Glickman Lauder. “Los edificios, las habitaciones, los objetos, la tierra misma, las piedras, los árboles, las fosas comunes y las cenizas, todo atestiguaba el periodo más oscuro de nuestra historia contemporánea”.

Una celda en Auschwitz Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture
Maletas en Auschwitz Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture

Las fotografías de Glickman Lauder de los sobrevivientes de Dinamarca cuentan otra historia, una de osadía y fortaleza considerables. Como el único país que desafió la orden de Hitler de deportar a sus judíos durante la Segunda Guerra Mundial, Dinamarca protegió a la mayoría de su población judía gracias a una red de opositores daneses que usaron pequeños botes para transportar a unos ocho mil judíos a Suecia, una nación políticamente neutral.

Más allá del rescate, el gobierno danés, pese a su acuerdo con los alemanes, tomó la inusual medida de rehusarse a reconocer a su población judía como diferente, con lo cual socavó una doctrina central del nazismo: que los judíos eran racialmente inferiores. “En Dinamarca, siempre nos vieron como ciudadanos normales”, recordó el rabino Bent Melchior en una entrevista de 2017. “Si un vecino era perseguido, se le ayudaba”.

A fin de cuentas, la resistencia danesa fue un esfuerzo único en contra de la depravación nazi. “Al servicio de ideales cristianos y democráticos, por medio de una configuración excepcional de iniciativas individuales e institucionales, los daneses alcanzaron una moralidad colectiva con sus esfuerzos colectivos de resistencia, resiliencia y rescate”, escribió Goldstein.

Otto Blixenrone-Moller trabajaba para el Servicio de Inteligencia Militar de Dinamarca y le rendía cuentas al director de operaciones especiales de los aliados. En 1945, la Gestapo intentó arrestarlo y lo hirieron en la pierna y la cadera. Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture
Karen Lykke Poulsen organizó operaciones de rescate y gestionó el transporte de cientos de judíos desde la costa sur de Selandia. Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture

Las fotografías e historias de Glickman Lauder documentan cómo los daneses lograron esto: Ebba Lund, aunque apenas era una estudiante, desafió a la Gestapo al esconder a judíos que habían escapado; Svenn Erik Osterholm resguardó textos religiosos de la sinagoga principal de Copenhague; Bernt Hjejle, un abogado con contactos importantes, recaudó fondos para el transporte de los judíos, y Karen Lykke Poulsen, activa en la escena comunista clandestina, supervisó el traslado de cientos de judíos desde la costa sur de Selandia.

Las fotografías e historias de Beyond the Shadows no solo son un recordatorio de cómo el racismo y el antisemitismo pueden fomentar la violencia y la masacre, sino también una advertencia sobre nuestro presente incierto, en el que el nacionalismo blanco y el neonazismo están en auge. Además, estas historias constituyen un manual básico de cómo hacer frente al prejuicio, trascender el tribalismo y aceptar nuestra humanidad compartida.

Svenn Erik Osterholm fue fundamental para recuperar todo el contenido religioso de la sinagoga principal de Copenhague y enviarlo de forma segura a Suecia, donde se distribuyó entre los refugiados. Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture
Ebba Lund tenía 22 años cuando dirigió una operación de rescate en el puerto de Copenhague que transportó a cientos de judíos a un lugar seguro. Ella tuvo que encarar con frecuencia a la Gestapo mientras escondía a judíos que habían escapado. Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture

“El odio, la injusticia y el genocidio no terminaron con la Segunda Guerra Mundial, pues el mal está presente entre nosotros hoy en día en demasiadas partes del mundo”, escribió Glickman Lauder. “Seguimos vilipendiando ‘al otro’. Debemos obligarnos a dejar el cómodo papel del observador y anteponernos a todas las formas de odio. Necesitamos el valor moral de actuar en contra de todo tipo de injusticia”.

En un giro lamentable, el libro también es un recordatorio de que la historia no siempre representa el destino. Como lo señaló Goldstein, la virtud del rescate danés, que alguna vez se consideró un modelo de protección a las minorías, no ha perdurado: “En la actualidad, Dinamarca ha cerrado sus fronteras a los refugiados para conservar su estado de bienestar y su identidad tribal cohesionada”, escribió. “Los países europeos están en crisis respecto de la diversidad y la cohesión y seguridad nacionales. La estabilidad de Europa, dividida por el asunto de la diversidad, de nuevo está en riesgo”.

Peter Ilsoe, subdirector retirado del Servicio de Inteligencia Militar de Dinamarca. Cuando era un joven estudiante durante la ocupación, participó en el traslado de judíos desde sus escondites hasta las aldeas costeras, desde donde partían hacia Suecia. Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture
Un negativo fotográfico de Birkenau Credit Judy Glickman Lauder/Cortesía de Aperture

Artículo retomado del NYT.

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