La casa de Dios

Dice la Biblia en Salmos 26:8

“Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria.”

Para David la casa del Señor tuvo tal relevancia en su vida que siempre se esforzó por estar en ella. Cuando fue perseguido por el rey Saúl siempre echó de menos no poder acudir al lugar de la morada de Dios. El salmo sesenta y tres da cuenta de ello cuando dice: “para ver tu poder y tu gloria a sí como te he mirado en el santuario”.

David amaba profundamente el lugar de la presencia de Dios porque la encontraba idónea para sus necesidades y por eso decía: “cuán amables (reconfortante) son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos; anhela mi alma y aún ardientemente desea los atrios de Jehová (Salmo 84:1)

Fue él quien luego de asumir como rey a la muerte de Saúl trajo a Jerusalén el arca del pacto en medio de una fastuosa celebración encabezada por él acompañado de la algarabía del pueblo de Israel, a quien convocó a celebrar al Rey de gloria, Jehová de los ejércitos.

David amaba la casa de Dios porque allí encontraba la presencia deDios. Esa era la razón fundamental por la que se desvivía por estar en ese lugar. Para él era imprescindible en su existencia encontrarse conDios y había un lugar especial para ello.

El amor a este lugar lo demostraba una y otra vez porque siempre se esforzaba por llegar allí. Tenía un compromiso cuyo aliciente principal era la seguridad y la certeza que tendría comunión con su Señor al que compuso decenas de salmos que dan cuenta de esta necesidad imperiosa de buscarlo en su tabernáculo.

Fue tal el amor hacia la casa de Dios que David estaba seguro que Dioslo dejaría construirla, pero el Señor había determinado que sería su hijo Salomón el encargado de esta obra, sin embargo David hizo todos los preparativos para alcanzar el objetivo de edificar el templo de Jerusalén.

El amor a la casa de Dios nos mueve a la acción para acudir a reunirnos con nuestro buen Dios, así como David lo hacía. Él sabía que el esfuerzo por la morada de Jehová de los ejércitos bien valía la pena porque a la hora de las dificultades Dios lo escondería precisamente “en lo reservado de su morada”.

Bendecido domingo. Día del Señor: nos vemos en la iglesia y allí nos encontramos para adorar a nuestro buen Dios.

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